Viviendo entre volcanes, lecciones y legados
Durante su estadía en Ecuador, entonces Audiencia de Quito, entre junio de 1802 a enero de 1803, el científico alemán Alexander von Humboldt dijo: «No es digno del hombre aceptar con naturalidad lo que es propio de la naturaleza». Añadió en sus escritos, «los ecuatorianos son seres raros y únicos: duermen tranquilos en medio de crujientes volcanes, viven pobres en medio de incomparables riquezas y se alegran con música triste». De los 10 volcanes más peligrosos de América Latina, Ecuador posee tres, el Tungurahua, Cotopaxi y Reventador, ahora, qué es lo que marca la diferencia para que en ocasión de sus erupciones no exista tragedia similar a la que provocó el volcán del Fuego, aunque sea tedioso comparar, vale señalar aspectos que aprendió Ecuador para que logremos sumar a la experiencia local, lo que Ecuador asimiló. GUATEMALA Y SUS VOLCANES En Guatemala existen aproximadamente 288 volcanes o estructuras de origen volcánico. Solo ocho de estos tienen reportes de actividad en tiempos históricos y tres son los más activos en la actualidad. Treinta y siete son reconocidos oficialmente como volcanes por la Federación Nacional de Andinismo. En cambio, el Instituto Nacional de Sismología, Vulcanología, Meteorología e Hidrología –Insivumeh– reconoce 32. La cantidad de estas formaciones, junto a las cuatro fallas tectónicas, convierten al país en una zona sísmica. La mayoría de volcanes en el país están colocados sobre la Sierra Madre, en las cercanías del océano Pacífico. Volcanes activos Fuego: 3,830 msnm Pacaya: 2,550 msnm Santiaguito: alrededor de 2,510 msnm Datos curiosos El volcán más alto de Guatemala es el Tajumulco, ubicado en el departamento de San Marcos, con 4,220 metros sobre el nivel del mar. En cambio, el más activo y violento es el Santiaguito, Quetzaltenango. ECUADOR Y SU EXPERIENCIA El volcán Tungurahua inició un proceso eruptivo en septiembre de 1999. Hasta julio de 2006, los fenómenos volcánicos que afectaron a la población fueron las caídas de ceniza y los lahares. Sin embargo, en julio y agosto de 2006 se produjeron dos erupciones más explosivas que generaron, por primera vez desde la reactivación, flujos piroclásticos. Estos flujos pudieron afectar gravemente a la población y a la infraestructura local. Recordar eventos como este, que representan una historia trascendental, debe permitirnos ampliar nuestra visión y perspectivas respecto a la ocurrencia de fenómenos volcánicos. De modo que así se llegue a fortalecer la educación y conservación de este laboratorio natural llamado volcán Tungurahua. A lo largo de estos años, el personal que constituye el Instituto Geofísico de la Escuela Politécnica Nacional –IG EPN – ha contribuido al conocimiento científico relacionado con los procesos eruptivos del volcán Tungurahua. En la actualidad, el volcán Tungurahua es el mejor monitoreado de América Latina, pues gracias al esfuerzo de quienes han sido parte del IG EPN a lo largo de los años. Hoy en día cuenta con monitoreo de punta y en tiempo real de la actividad interna y superficial del volcán, no solo desde el Instituto Geofísico en Quito, sino también desde el Observatorio Volcanológico Tungurahua (OVT), ubicado a 15 km del volcán en el valle del río Patate. Este sistema de monitoreo funciona muy bien, pues además de instrumentos cuenta con un grupo de vigías del volcán. Este excepcional conjunto está constituido por voluntarios locales, quienes de manera desinteresada y comprometida han trabajado por una convivencia armónica entre el volcán, sus comunidades y los científicos para que el amor a su tierra y la seguridad de sus comunidades sea la prioridad durante este largo periodo de actividad eruptiva del volcán Tungurahua, que empezó hace 16 años. Se puede ver en línea en tiempo real. Cuando vino la gran erupción, la ciudad de Baños, que es la segunda más turística de Ecuador, fue desalojada en su totalidad, sin generar fallecimientos, heridos, el ejército, la policía civil, la Secretaría de Gestión de Riesgos (que tiene grado de ministerio) coordinó las actividades, las autoridades trabajan en coordinación, cuyo centro de operaciones es el ECU 911. QUÉ MARCA LA DIFERENCIA: · El Instituto Geofísico de la Escuela Politécnica Nacional tiene autonomía, presupuesto, investigadores y un equipo de alto nivel, trabajando de forma exclusiva para dos fines, volcanes, movimientos telúricos y probables tsunamis, nada más. · Las zonas de influencia donde es probable un desastre por lahares, tienen prohibición de ser habitadas, existe alguna actividad agrícola, pero los habitantes en lo posible evitan dormir en estos lugares, y si lo hacen, se turnan para vigilar las propiedades junto a la policía. · Los pobladores de estas zonas fueron reubicados y el Gobierno generó emprendimientos que les permitió tener estabilidad económica, psicológica y laboral. · Hay continua información respecto a la posibilidad de erupción, en todos los medios de comunicación, de forma obligatoria y gratuita. · Los niños, población en general, empleados públicos y privados reciben capacitación, y se hace simulacros de forma continua, las empresas privadas y públicas, centros de educación de todo nivel, deben llevar registros de cumplimiento de estas actividades. · Las poblaciones cercanas tienen un sistema de alarmas de gran alcance, por lo que es difícil no lograr escuchar las mismas. · El número de entidades vinculadas para tomar las decisiones son máximo seis, de tal manera que la comunicación es fluida, y es pública. · La información y desarrollo de protocolos sobre los siniestros son comunicados por la máxima autoridad del lugar, normalmente es el gobernador, él es quien genera las alertas, y si es del caso ordena y coordina la evacuación. · Las poblaciones cercanas tienen una señalética propia para fines de movilización en caso extremo, se respetan las vías de evacuación, allí por ejemplo nadie estaciona autos, y la población tiene monitores capacitados para dirigir simulacros y casos verdaderos. · Existe un fondo permanente que permite atender las contingencias en caso sea necesario. Los ecuatorianos y guatemaltecos somos dos poblaciones muy parecidas, con las mismas capacidades y fuerza de voluntad, ¿dónde está la diferencia? Estimo que es la capacitación oportuna, basada en la educación desde niños, en haber logrado un grado de conciencia y saber los pasos a seguir en los momentos de desastres, las autoridades municipales jamás dan autorizaciones o darían paso a asentamientos humanos en la magnitud que se tiene aquí. Y adicional hay menos burocracia, existen más técnicos, y personal calificado para el manejo de estas contingencias. La magnitud de la tragedia sucedida en Guatemala no podrá ser cuantificada en su totalidad, aún se siguen encontrando restos humanos. ¿Se pudo haber evitado? sí. Que nos quede de lección y que la naturaleza conviva con nosotros en armonía. La preparación corre de nuestra parte, no cabe duda, después de todo, que Dios es guatemalteco.
Marco Buestán
A la memoria del Lic. Juan Francisco Solórzano Foppa
En memoria de Juan Francisco Solórzano Foppa —ahora, mártir—, nuestro destino lo debemos construir juntos. El Lic. Foppa —cariñosamente llamado así— nos dijo, nos habló, nos ilustró; bueno, para que entendamos mejor, nos dijo nombres y apellidos de la gente que no es gente y que está realizando actividades ilícitas a la sombra del poder oscuro de la justicia, que no es justicia, y por eso nos han hecho tanto daño. ¡Es inconcebible que, a estas alturas de la vida y del tiempo, no hayamos entendido!
Hermanos de los cuatro pueblos que cohabitamos Guatemala, no tenemos por qué perdernos, no. ¿Quién fue el culpable de este vil y atroz asesinato? Pues está claro: el gran Solórzano Foppa dejó videos y ahí está la respuesta. No perdamos el tiempo en hacer o construir narrativas con base en conjeturas o charlas baratas divulgadas en las plataformas virtuales de TikTok y Facebook, entre otras. ¡No perdamos el tiempo jugando a investigadores o creadores de contenido sin contenido!
Entiendo muy bien el grado de frustración, enojo e impotencia que nos invade ante este hecho trágico y por demás histórico en la vida democrática del país, el cual fue provocado por gente con pensamiento semifeudal y, obviamente, con la ayuda de vasallos analfabetos leales a los intereses del señor semifeudal; sin embargo, esto no nos detendrá, nos obliga a actuar de una mejor manera, es decir, a grandes males, grandes soluciones. Los politiqueros y baratos ya están llegando a visitarnos, nos estrechan la mano, nos abrazan, nos saludan y hasta se quitan el sombrero. Todas esas acciones simple y sencillamente son hipocresía en su máxima expresión. Junto a ellos llevan block, cemento, lámina y hasta la iniciativa de ley para darle nuestro dinero, disfrazado de salario, a los COCODES: la corrupción hasta no más poder. Entonces, pregunto: ¿será usted capaz, que está leyendo estas líneas, de darles su voto? La familia, la mamá, la esposa y los hijos del Lic. Foppa se lamentarían enormemente por estas actitudes corruptas, que sin duda habrá por montón; menos mal, los buenos somos más.
Estimado lector, en todos los espacios donde tuvo relación de trabajo, de amistad, incluso de recreación, el Lic. Foppa procuró una vida de principios y valores, sobre todo, solidario con las causas justas —la solidaridad fue manifestada por él hacia nuestros hermanos exlíderes de los 48 Cantones, Luis y Héctor, también al Sr. José Rubén Zamora; incluso, enfrentó la cárcel por defender a José Rubén—, combatiendo frontalmente y sin tapujos la corrupción. Entonces, con mayor razón y con sentido de coherencia debemos procurar en nuestras relaciones públicas y privadas aquello de amar al prójimo como a nosotros mismos.
Combatir la corrupción es el legado de Juan Francisco Solórzano Foppa y lo debemos afrontar unidos, porque los guatemaltecos ya no debemos seguir divididos. No han pasado años, sino décadas, y los pocos avances que se han tenido son casi nada en medio de este mar de incertidumbre que no nos deja vivir como Dios manda. ¿Qué más tenemos que sufrir para entender que, si no nos unimos, nos hundiremos irremediablemente?
Reitero, está claro qué vehículos electoreros representan y practican la corrupción y la narcopolítica, esas acciones que denunció con vehemencia y carácter el Lic. Foppa; entonces, por ellos jamás debemos votar. Los partidos buenos —no perfectos— que siempre han caminado separados tienen la oportunidad de hacer historia a favor del pueblo. Si no caminan juntos en 2027, temo que jamás podrán llevar más de cinco diputados al Congreso, más de cinco alcaldes municipales, menos un binomio presidencial al Palacio Nacional. Únanse y caminen juntos por el amor y bienestar del pueblo honesto y digno.
“Por medio de la unidad de los buenos se alcanza el bienestar del pueblo”.
Arnoldo Soch Tzul
Contador Público y Auditor, asesor financiero y fiscal de pequeñas y microempresas, exalcalde comunitario, auditor social desde hace más de 25 años.
Proteger y servir: ¿lema o contradicción?
No basta con condenar los hechos ni con prometer investigaciones. Se necesitan resultados, transparencia y sanciones cuando corresponda.
La ironía es indignante: la institución cuya misión es proteger y servir termina bajo sospecha de vulnerar los derechos de ciudadanos a quienes debía garantizar seguridad. ¿De qué sirve un lema cuando las actuaciones de quienes deben honrarlo ponen en duda la confianza pública?
Cómo sabemos todos, los hermanos Rigoberto Choc Toz, de 30 años, y Daniel Zaqueo Choc Toz, de 18, fueron capturados tras el asesinato del abogado Juan Francisco Solórzano Foppa y Gustavo Adolfo Aguilar Gamarro. Sin embargo, el Juzgado de Turno decretó falta de mérito a su favor y ordenó su libertad inmediata. También el Ministerio Público solicitó esa resolución ante las dudas surgidas durante el procedimiento policial.
Los señalamientos sobre la implantación de un arma, que actualmente se investigan, son gravísimos. Al comprobarse que agentes alteraron evidencias para incriminar a personas inocentes, no estaríamos ante un simple error, sino frente a una conducta que traiciona la función pública y atenta contra la justicia.
Por eso, los siete policías señalados deben ser investigados con rigor e imparcialidad. Si existen elementos suficientes, corresponde separarlos preventivamente de sus funciones conforme a la ley, establecer responsabilidades y examinar la actuación de sus mandos inmediatos y superiores. La jerarquía no puede convertirse en refugio ni la impunidad en costumbre.
La muerte de Solórzano Foppa y Aguilar Gamarro es una tragedia que exige esclarecer quiénes los mataron y por qué. Pero también ha expuesto una herida institucional que no podemos ignorar: cuando quienes deben investigar la verdad la manipulan, el Estado pierde credibilidad y la ciudadanía queda desprotegida.
No basta con condenar los hechos ni con prometer investigaciones. Se necesitan resultados, transparencia y sanciones cuando corresponda.
Una sociedad no se salva ocultando sus heridas, sino teniendo el valor de limpiarlas, corregirlas y exigir justicia, sin excepciones ni privilegios.
César Pérez Méndez
Licenciado en Ciencias de la Comunicación (Usac), con tres maestrías en diferentes campos y Doctor en Investigación en Educación (Usac). CEO de La Voz de Xela, profesor universitario y conferencista.
OpiniónGuatemala
Foppa, un legado más allá de las palabras
Recuerdo su sencillez, escuchaba las opiniones de todos, compartía sus conocimientos sin reservas ni envidias.
Con respeto y pesar escribo en memoria del licenciado Francisco Solórzano Foppa, mucho se dice sobre su trayectoria y lucha contra la corrupción en Guatemala. Más allá de las diferencias de pensamiento, ninguna vida debería terminar por decisión de otros, hoy quiero recordar una faceta que conocimos quienes tuvimos la oportunidad de coincidir con él en el ámbito profesional.
Lo conocí hace varios años, durante unas jornadas de capacitación de legislación contra la corrupción dirigidas a funcionarios públicos; posteriormente, coincidimos nuevamente en equipos interinstitucionales, coordinando algunas acciones junto a otros profesionales y amigos en común.
De aquellas experiencias recuerdo su capacidad para aplicar el método científico en la investigación de casos complejos, tenía una manera particular de orientar y enseñar ello a los equipos en la formulación de hipótesis, objetivos, identificar problemas y soportar los medios de prueba, análisis de información y construcción de expedientes debidamente sustentados. Sabía integrar distintas disciplinas para encontrar respuestas donde inicialmente solo parecían piezas dispersas de un rompecabezas.
Fueron jornadas de trabajo que llegaron a extenderse hasta dieciocho horas al día, en las que su expresión “vamos a encontrar la solución” mantenía el ánimo del equipo. Tenía convicción de que las instituciones funcionaban si eran dirigidas por personas con voluntad de hacerlo bien.
Recuerdo su sencillez, escuchaba las opiniones de todos, compartía sus conocimientos sin reservas ni envidias y comprendía que cada profesional tenía algo valioso que aportar. Esa forma de trabajar permaneció incluso cuando asumió como funcionario en la SAT.
Guatemala pierde a una persona cuya experiencia dejó enseñanzas profesionales con quienes alguna vez compartió espacios de trabajo, sobre todo porque podemos honrar su memoria desde nuestras propias responsabilidades, procurando actuar con legalidad y compromiso con las causas justas, el verdadero legado de un profesional también está en los conocimientos que comparte. Mis condolencias a su familia y amigos. Que en paz descanse, licenciado Foppa.
Vilma del Rosario Xicará
Con más de 20 años de experiencia en finanzas, auditoría pública, impuestos y rendición de cuentas. Docente universitaria, Contadora Publica y Auditora, y Dra. en Auditoría Gubernamental y Rendición de Cuentas y Transparencia en la función pública.
OpiniónJuan Francisco Foppa
Otro año escolar que se va
Quizá le son familiares las siguientes frases: “Otro año ya se ha ido, cuántas cosas han pasado, algo hemos aprendido, algo hemos olvidado”. Seguramente dirá que es la introducción de una canción muy popular; está en lo correcto, aplica muy bien a la reflexión que quiero realizar.
Estamos en el declive de un ciclo escolar. Muchos han culminado, otros están por terminar; por lo que es conveniente evaluar y enmendar. Es otro año que se va en el que han transcurrido muchas cosas que deben mejorar para ir un paso hacia adelante en términos educativos. Guatemala lo necesita.
No es desconocido para todos que la educación en nuestro país ha ido en declive. La calidad de los estudiantes no es la misma que la de los estudiantes de hace una década, lo que es preocupante. Por supuesto que, desde el ángulo o perspectiva en que se evalúe, las opiniones pueden variar y ser completamente diferentes. Muchos responsabilizarán a los maestros diciendo: “Ya no hay buenos maestros que dominen contenidos, que sean ejemplo para los estudiantes, maestros con temple y carácter”. Otros dirán: “Es responsabilidad de los padres que en muchas ocasiones están ausentes, llevan a sus hijos para que los maestros realicen el trabajo que corresponde hacer en el núcleo familiar, la construcción de valores y la emisión de sanciones para corregir conductas que en muchos casos son el reflejo de lo que se vive en casa”. Alguien más opinará: “Es responsabilidad de la escuela que se torna aburrida, sin motivación alguna; es mucho más atractiva la tecnología que mucho facilita, a un clic resuelve la vida, privilegiado aquel que la sabe manejar porque sin tanto trabajo y esfuerzo todo es resuelto”. No faltará la opinión: “Son los estudiantes faltos de interés, irresponsables, irrespetuosos hacia las autoridades, no digamos a las reglas y normas”.
Sin buscar responsables, lo importante es corregir y aplicar viejas o nuevas estrategias cimentadas en valores para que la calidad educativa se fortalezca, sin olvidar que este trabajo es de todos. Es necesario, preciso e imperante aplicar valores familiares, éticos, morales, religiosos y sociales que se reflejen en acciones, en el papel que nos corresponda, como autoridades, como padres, como maestros, como estudiantes.
“Quizá la cura para una educación decrépita sea ejercitarnos en el temor a Dios”. Recuerde: en la vida todo tiene sentido.
Silvia Morales Paniagua
Docente de nivel primario y básico con Especialidad en Ciencias Naturales. Licenciada en Administración Educativa y Magíster en Educación Superior.
El autocuidado es prevención
Hace poco más de dos años, durante un chequeo de rutina en casa, descubrí unas bolitas en mis senos. Recuerdo que lo primero que sentí fue miedo. Revisé nuevamente y me provocaba un poco de dolor; mi mente comenzó a imaginar muchas cosas, la incertidumbre se apoderó de mí. Ese mismo día llamé a mi ginecólogo y realicé una cita. Después de realizarme los estudios correspondientes, el diagnóstico fue fibroadenomas, pequeños tumores benignos de la mama, bastante comunes en nosotras, las mujeres. Sentí tranquilidad y mis pensamientos negativos se dispersaron de inmediato. Comprendí algo que hoy quiero compartir: no debemos esperar a que algo duela, alarme o inquiete para prestar atención a nuestra salud. Es importante conocer nuestro cuerpo, atender los cambios que presenta y buscar respuestas a tiempo. La detección temprana puede hacer una diferencia importante en el diagnóstico y tratamiento para la salud.
En este Día Mundial de la Lucha contra el Cáncer de Mama, quiero invitarte a realizar una pausa y preguntarte: ¿cuándo fue la última vez que priorizaste tu salud?
Programa tus chequeos, conoce tu cuerpo y consulta con un profesional de la salud ante cualquier cambio.
El autocuidado va más allá del arreglo personal, elegir prendas de vestir o encontrar un momento para descansar; el autocuidado es también tomar la decisión de proteger tu salud, tu bienestar.
Las revisiones recomendadas pueden variar según la edad, antecedentes familiares y factores de riesgo. No esperes a tener miedo para cuidar de ti; tu salud merece estar entre tus prioridades. Si tú estás bien, tu familia también. Recuerda que en los pequeños detalles está el poder de tu imagen.
Carol Contreras
Coach de Imagen
El derecho a equivocarnos
Algunos tienen consecuencias que debemos asumir. Se trata de tener la honestidad de reconocerlos y, sobre todo, la voluntad de corregirlos.
Con los años he aprendido que una de las cosas más difíciles para las personas es reconocer que nos hemos equivocado. No importa cuánto hayamos estudiado, qué responsabilidades tengamos o cuánta experiencia hayamos acumulado. A veces, decir simplemente “me equivoqué” nos cuesta más que el propio error. En mi vida personal y profesional he tomado decisiones que, vistas con el tiempo, seguramente habría hecho de otra manera. También he conocido personas extraordinarias que no tenían dificultad en reconocer sus errores, mientras otras, con mucha preparación y experiencia, encontraban mil razones para justificar los suyos.
Creo que buena parte del problema está en cómo aprendimos a entender los errores. Desde pequeños nos enseñaron que equivocarnos era algo malo, que debíamos tener siempre la respuesta correcta. Y así fuimos creciendo con la idea de que admitir una equivocación podía hacernos perder el respeto de los demás. Pero la vida nos demuestra algo diferente. He visto cómo una disculpa sincera puede recuperar una amistad, cómo reconocer una decisión equivocada puede mejorar el ambiente de trabajo y cómo escuchar una opinión distinta puede ayudarnos a encontrar soluciones que antes no habíamos considerado.
No se trata de justificar nuestros errores ni de restarles importancia. Algunos tienen consecuencias que debemos asumir. Se trata de tener la honestidad de reconocerlos y, sobre todo, la voluntad de corregirlos. Quizás deberíamos enseñar más a nuestros hijos y a quienes nos rodean que equivocarse no es el fin de nada, y que pedir disculpas, cambiar de opinión o comenzar de nuevo también son formas de crecer. Después de todo, nadie tiene todas las respuestas. Tengamos siempre presente que, si algo también nos enseña la vida, es que nunca dejamos de aprender, especialmente de aquello que no hicimos bien.
Luis Felipe Polo
OpiniónReflexión
El uso ético de la inteligencia artificial
La tecnología debe estar al servicio de las personas, no convertirse en una herramienta para perjudicarlas.
La inteligencia artificial puede ayudarnos a trabajar más rápido, analizar información y encontrar soluciones. Sin embargo, cuanto mayor es su capacidad, mayor debe ser nuestra responsabilidad al utilizarla. Para empresarios y profesionales, la pregunta no debería ser solamente ¿qué puede hacer la IA por mi empresa?, sino también ¿qué debería permitirle hacer?
El primer principio es no causar daño. No debemos utilizar la IA para engañar clientes, manipular información, discriminar personas, fabricar noticias falsas o vulnerar la privacidad. La tecnología debe estar al servicio de las personas, no convertirse en una herramienta para perjudicarlas.
Proverbios 11:3 enseña: “La integridad de los rectos los encaminará”. La honestidad debe mantenerse incluso cuando una herramienta tecnológica nos permita actuar rápidamente o permanecer en el anonimato.
El segundo principio es verificar antes de confiar. Una respuesta generada por IA puede contener errores. Por eso, quien firma, publica o toma una decisión sigue siendo responsable de revisar la información.
La Biblia nos recuerda: “El simple todo lo cree; mas el avisado mira bien sus pasos” (Proverbios 14:15).
Finalmente, debemos preguntarnos si nuestro uso de la IA beneficia realmente a las personas. “Y como queréis que hagan los hombres con vosotros, así también haced vosotros con ellos”(Lucas 6:31).
La inteligencia artificial puede aumentar nuestra productividad, pero la ética debe dirigir su poder. Usarla bien no significa aprovechar todo lo que puede hacer, sino utilizarla para hacer lo correcto.
Edwin Ibarra
Médico Especialista en Cardiología y Ecocardiografía. Coach, conferencista y entrenador certificado por el Programa de John Maxwell, Pastor de la Red de Empresarios y Profesionales de Iglesia Bethania Quetzaltenango. Fundador de los Proyectos “Sanando el Corazón” y “Discipulado Empresarial 20/20”.
OpiniónInteligencia Artificial
A una fiesta se asiste con traje de fiesta
El profeta Isaías habla de que el Señor, en aquel día, preparará un festín, una fiesta con platillos suculentos para todos los pueblos. Una fiesta en donde habrá vinos exquisitos y manjares. Les quitará el velo que les cubre el rostro para que puedan ver bien. Y ese día se dirá: “Aquí está nuestro Dios, de quien esperábamos que nos salvara”. Y hay que alegrarse por la salvación que nos trae (Is 25, 6-10). Esta fiesta que prepara el Señor es para todos. Todos estamos llamados a la salvación. Dios quiere salvarnos a todos. Pero no nos obliga. Dios da oportunidades para que mejoremos nuestra vida, para hacer esos cambios que haya que hacer, para arrepentirnos, para disciplinar un poco más nuestra vida cristiana. Pero esto ya depende de cada uno. Si alguien no quiere, Dios respeta esa decisión de cada uno. Ojalá estemos dispuestos a hacer cambios integrales en nuestra propia vida para que, cuando el Señor venga, me encuentre listo y yo pueda participar plenamente de la vida eterna.
“Yo sé lo que es vivir en pobreza y también lo que es tener de sobra. Estoy acostumbrado a todo: lo mismo a comer bien que a pasar hambre; lo mismo a la abundancia que a la escasez. Todo lo puedo unido a aquel que me da fuerza”. Sin embargo, agradece el apoyo que le dieron por medio de Epafrodito cuando él estuvo preso, posiblemente en Éfeso. Y le pide a Dios que también satisfaga o cubra las necesidades de la comunidad (Flp 4, 12-14. 19-20). Todo tiene su tiempo. Hay un tiempo en el que uno no tiene casi nada y hay tiempos en los que uno tiene para comprarse al gustito. Y todo esto hay que agradecerle a Dios. Pero ya sea que vivamos en pobreza o en la riqueza, nunca nos olvidemos de los pobres, de los que no tienen nada para vivir.
En Mt 22, 1-14, Jesús cuenta la parábola de un rey que preparó un banquete de bodas para su hijo. Y mandó a sus criados para que llamaran a los invitados, pero estos no quisieron ir. El rey manda a otros criados para que los inviten, pero uno se fue a su campo, otro a su negocio y los demás insultaron y mataron a los criados. Entonces, el rey se molesta y los manda a matar y a prenderle fuego a la ciudad. Pero como la fiesta ya estaba lista, entonces manda a sus criados para que salgan a los cruces de los caminos e inviten a todos los que encuentren. Y encontraron a buenos y malos, pero todos fueron invitados.
El único requisito era ir con “traje de fiesta”. Cuando ya todos estaban en la fiesta, el rey se da cuenta de que hay un hombre que no iba vestido con traje de fiesta y da la orden para que lo saquen de la fiesta. Ahora bien, cada uno ha recibido esa invitación para asistir a la boda. Pero para poder participar en este banquete de bodas, se me pide el traje de la justicia, de la fortaleza, de la templanza y de la fortaleza. Se me pide asistir con el traje de la fe, esperanza y caridad. En una palabra, el requisito para poder disfrutar de esta fiesta es llegar con el traje de la conversión de vida.
P. Orlando Pérez
Sacerdote católico, Licenciado en Teología, Licenciado en Psicología General, catedrático universitario, con una maestría en Docencia Superior Universitaria.
Velocidad de la luz: una constante que determina la realidad (2 de 2)
Y cuanto más aprendo sobre la creación, más consciente soy de que conocer el universo también puede ser una manera de admirar a Dios.
Cuando observo la luz, veo mucho más que fotones, longitudes de onda y velocidades. Veo una realidad de la que depende nuestra vida, una naturaleza cuyas leyes podemos descubrir, pero que no hemos creado nosotros.
La Biblia comienza con una declaración grandiosa: “En el principio creó Dios los cielos y la tierra” (Génesis 1:1). Poco después encontramos estas palabras: “Sea la luz” (Génesis 1:3).
No confundo el relato bíblico con una explicación de la física moderna. Lo interpreto desde una perspectiva espiritual: la luz, desde las primeras páginas de la Escritura, representa una expresión del orden y de la obra creadora de Dios.
¿Significa que ya comprendemos todos sus misterios? Por supuesto que no. Cada respuesta científica abre nuevas preguntas. Cada descubrimiento nos permite conocer algo más, pero también nos recuerda cuánto queda por descubrir.
Mi convicción es firme: Dios es el Gran Creador de todo lo que existe y el fundamento del orden del universo.
No necesito enfrentar a Dios con la ciencia para defender mi fe. Tampoco necesito renunciar a la razón para creer. Puedo estudiar, preguntar, contrastar evidencias y reconocer los límites de nuestro conocimiento sin abandonar mi confianza en el Creador.
Quizá nunca lleguemos a comprender todos los secretos del universo. Sin embargo, tenemos la extraordinaria capacidad de investigar, descubrir y maravillarnos.
Cada vez que pienso en la luz, en sus propiedades y en su papel esencial para la vida, reafirmo una convicción personal: detrás de la inmensidad del universo encuentro razones para creer en una inteligencia creadora superior a nosotros: Dios.
La ciencia me ayuda a comprender la grandeza del universo. Mi fe me lleva a reconocer en esa grandeza la obra de su Creador.
Y cuanto más aprendo sobre la creación, más consciente soy de que conocer el universo también puede ser una manera de admirar a Dios.
César Pérez Méndez
Licenciado en Ciencias de la Comunicación (Usac), con tres maestrías en diferentes campos y Doctor en Investigación en Educación (Usac). CEO de La Voz de Xela, profesor universitario y conferencista.
OpiniónVelocidad de la Luz















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