Algo pesado corría sobre el techo de la casa (cuento)

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José J. Guzmán 20 Junio 2025 15:21
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Guiada por su intuición, Lupita decidió volver al pueblo donde una vez fue niña. Tenía la corazonada de que para liberarse, ahora de adulta, de la persecución del Güin, debía confrontarlo cara a cara. Resolvió hacerlo porque tres veces un sueño recurrente la atormentó en noches imprevisibles. En ese mundo onírico, revivía la madrugada del velorio de su abuela. Tenía apenas cuatro años y su madre la acostó en la cama de la habitación donde, horas antes, la pariente que ahora le parecía tan lejana había dejado el plano terrenal. A un lado, en la sala, un grupo de señoras rezaban un rosario de cuerpo presente que poco a poco la sumió en un húmedo letargo. Ya estando en el estado de duermevela, entre la vigilia y el sueño, un extraño animal levantó la lámina de zinc del cuarto y la observó con sus ojos enormes.

La intuición no era nada nuevo para ella; era, en realidad, su fiel compañera de vida. Como psicoterapeuta, se había inclinado al estudio de la metafísica como una terapia personal y de autoconocimiento para tratar los dolores emocionales de sus pacientes. Confiaba en su intuición más que en lo aprendido en las aulas, incluso más de lo que había aprendido leyendo a Freud, a Jung y a Adler. Sin necesidad de ver el reloj, su intuición le dictaba la hora exacta del día, sabía de qué iba a tratar esa llamada que entraba entre sesiones, cuál era el diagnóstico de su paciente, cuál su dolor espiritual y cuál el tratamiento, todo sin necesidad de usar el intelecto.

Sí, era apenas una niña cuando el Güin se le apareció. Recordaba ese mes de marzo. Su madre la sacó de la escuela entre llantos, jalandola del brazo y gritando: ≪¡Está muerta, está muerta, tu abuela está muerta!≫. Luego, tenía imágenes del trayecto en el bus de parrilla; de su madre dándole un manojo de flores para que las pusiera en sus rodillas mientras emprendían el viaje a la costa sur de Guatemala. 

Cuando llegaron al pueblo, que sólo visitaban para la noche de Nochevieja, los familiares y conocidos ya estaban reunidos envueltos en el sopor del velorio. Recordaba las calles de tierra, el centro del poblado donde se vendían huevos de iguana, el tanque de agua donde las señoras lavaban, y a su par, la gran casa de madera de su abuela, el cuerpo en el féretro, las enormes velas de muerto que intensificaban los calores nocturnos y humanos, y la gigantesca carpa instalada en la calle donde las sillas se amontonaban, sin ningún orden específico, esperando más dolientes.

Fue también la primera vez que, quizá, su intuición la visitó, porque mientras la oscuridad avanzaba, supo que el velorio no terminaría pronto y que toda esa gente amanecería allí contando anécdotas y chistes sobre la fallecida hasta que fuera hora de irse al camposanto. Fue entonces cuando le dijo a su madre que estaba cansada, y ella la acomodó en la cama donde su abuela había fallecido esa misma mañana de marzo. La niña se quedó medio dormida, protegida por un mosquitero, mientras sudaba la mala hora previa a su desgracia.

Cuando empezó a entrar en el estado de duermevela, sucedió:

Escuchó cómo algo pesado corría, a gran velocidad, sobre el techo de la casa. Era muy rápido, en verdad era veloz y pesado. Al abrir los ojos, descubrió cómo las láminas se doblaban por la gravedad de lo que sucedía arriba. Era un sonido que, supo, no era de este mundo, porque le provocaba una sensación extraña de no pertenecer, por un momento, a la realidad. La presencia de esa cosa era tan fuerte que pensó que caería en la habitación. Pero, al contrario, hubo un silencio pasajero que la estremeció antes de la fatalidad: a los pocos segundos, una mano peluda, de humano pero con garras de perro, levantó la lámina aflojando los clavos de la madera donde se sostenía, y vio a un perro grande, viejo y babeante, mirándola con sus ojos rojos y puntiagudos mientras le ofrecía una sonrisa gigantesca que dejaba ver sus colmillos.

Lupita salió corriendo del cuarto y, al pasar, volcó una candela. Las rezadoras parecían ajenas a lo que había ocurrido hasta cuando ya estaba sucediendo lo fatal. El vestido de encaje que llevaba pronto agarró las llamas, y su cuerpo se vio envuelto en fuego, quemándole la pierna derecha y dejándole una cicatriz para siempre, un morado que creció con ella, hasta ahora, en el año de sus 33 años.

≪¡Me asustó!≫, gritaba entre el fuego. ≪¡Me asustó!, ¡hay un animal en ese cuarto!≫, decía, mientras las rezadoras intentaban quitarle el vestido e iban corriendo por agua al tanque público al lado de la casa.

Si algo recordaba muy bien, ahora que regresaba al pueblo, era la certeza de que una quemadura duele más cuando sucede en la costa. Se había quemado muchas veces en la vida, pero ninguna le dolió tanto como aquella noche y en los días siguientes, durante las novenas, cuando tenía que meter la pierna al tanque para sentir un poco de alivio.

Aún no había amanecido cuando le aplicaron ungüento, y esta vez su madre decidió acompañarla en la cama para que pudiera dormir unos momentos. Sin embargo, no pudo. El ardor era insoportable. Observaba entre las ranuras de las tablas de las paredes de madera a los hombres del velorio, sentados en las sillas, con las camisetas levantadas sobre el ombligo, abanicándose y tomando cerveza. ≪Se le apareció el Güin a la pequeña≫, decía uno.

Y fue esa misma madrugada, en la que la pasó asustada y delirante por el dolor que escuchó la historia entre las conversaciones de los señores, que a cualquiera le hubieran parecido murmullos, a todos, menos a ella:

—El Güin es un hombre malo que tiene la capacidad de convertirse en perro a voluntad. Se sube a los techos de las casas para causar alboroto y se roba a las gallinas.

Escuchó que había que atraparlo y azotarlo para que dejara de hacer alboroto; escuchó, también, que una vez castigado se convertía en hombre y salía huyendo, aunque siempre regresaba por temporadas.

Aquel pasaje de su infancia desapareció en de su vida, hasta cuando, exhausta después de atender a su último paciente un viernes por la noche, regresó a su casa en la ciudad y se quedó profundamente dormida en el sillón mientras veía una película. Ese episodio de sus cuatro años, volvió en sueños por tres veces.

Los ojos estaban presentes, imborrables cada noche en los que el proceso de alienación se instauró en su alma, hasta hacerle perder la virtud de estar en medio de las coordenadas de la tierra. Dejó de atender en el consultorio una semana antes de haber esperando a que llegara la genuina inspiración de la intuición. A que le dictara lo que debía hacer, y de hecho, fue su fe en ella la que le dijo que debía regresar al pueblo donde una vez fue niña, al cual no había vuelto desde hace una década, cuando su madre falleció. Regresaría a la vieja casa de su abuela que recibió como herencia, y dormir en la misma cama, que seguramente permanecía intacta, encapsulando el tiempo de otras eras, para intentar, por fin, quedarse dormida y, en medio del estado de duermevela, volver a tener contacto con él.

Pero, en efecto, ya era otro tiempo y otro pueblo. Las casas de madera y lámina se habían cambiado por casas de block con terraza, y en lugar de tiendas y cantinas alumbradas al anochecer con velas y focos amarillos, ahora había locales de ventas de cosas pirateadas, ropa americana y artículos de plástico que la alejaban del recuerdo nostálgico de su infancia. Pero había algo extraño, demasiado extraño: los locales, aunque abiertos, estaban vacíos. Las calles estaban vacías, y un maldito aroma le recordaba la presencia de la muerte, ese olor que sus pacientes suicidas llevaban cuando ambos sabían que sería la última vez que se verían, y que la terapia no había funcionado, no porque su intuición fallara, sino porque en verdad ya no había nada que hacer.

Recorrió las mismas calles hasta llegar al centro de la ciudad, donde las luces de neón de feria de dos o tres casetas esperaban a sus dueños como si aquello fuera un pueblo fantasma. Tenía sed, pero nadie servía la horchata; tenía calor, y la humedad de las cuatro de la tarde le golpeaba la cara con un tierno beso que la envolvía en el sudor de una aventura que le parecía extraña. ≪Seguiré soñando≫, dijo, pero el golpe de la realidad activó el mecanismo de su consciencia cuando apareció un grupo de niños descalzos saliendo de entre las champas improvisadas del mercado municipal, corriendo y tratando de desenredar una soga. ≪Apresurémonos≫, dijo uno de ellos, y ella corrió tras ellos para preguntarles dónde estaban los demás.

—Es que lo agarraron —dijo otro—, agarraron al ladrón de gallinas.

—Lo quieren amarrar a un poste en el campo de fútbol —gritó a la distancia el más pequeño.

Lupita supo entonces que el encuentro estaba cerca. No se había equivocado: algo estaba ocurriendo en este pueblo, y ella había regresado para rendir cuentas, para saber, por fin, y conocer la forma humana de quien la llamaba en sueños.

Persiguió a los niños hasta llegar al campo de fútbol, y encontró a la multitud en círculo y en el centro reconoció una figura humana demacrada, golpeada, y con la boca empapada en sangre, pidiendo perdón.

El bullicio era ensordecedor, pero se distinguían las constantes palabras ≪ladrón, ladrón, ladrón≫. Mientras Lupita se abría paso entre la multitud, sintió cómo la mirada de alguien conocido se posaba en ella.

Lupita avanzaba entre la muchedumbre con firmeza, sintiendo que cada paso la acercaba no solo a su destino físico, sino a una culminación inevitable. Algo en su interior parecía estar ajustando cuentas, y gracias a sus estudios de metafísica, comprendía que el universo estaba alineándose justo para este momento.

Al llegar al frente de la multitud, lo vio. No hubo dudas en ella. Estaba sentado y hundido en las alucinaciones de sus golpes. Aquellos ojos inyectados en sangre eran los mismos que la miraron cuando era una niña. Lupita se sintió libre, inspirada, completamente humana. Con voz clara y firme, señaló: ≪Él fue... él fue...≫, mientras se bajaba el pantalón beige, mostrando la quemadura que aún marcaba su piel. ≪Hay que prenderle fuego por lo que me hizo≫, sentenció.

La turba, como movida por el instinto primitivo, desechó la idea de amarrarlo a un poste y roció gasolina sobre el hombre. Uno de los ancianos, con su autoridad sobre las cosas del pueblo, fue quien le prendió fuego con un mechero. El ladrón, envuelto en llamas, corrió por todo el campo de fútbol, gritando de dolor, tratando con fuerza humana, pero también sin esperanza, arrancar su carne mientras su cuerpo ardía. Los minutos transcurrieron lentamente, hasta que su figura, envuelta en el umbral entre lo vivo y lo muerto, colapsó en el centro del campo. Lo que quedó de él no era más que un pedazo de carbón. El olor le recordó a Lupita el de su propio vestido quemado tantos años atrás.

La multitud se dispersó sin hacerle preguntas, como si el acto de justicia fuera tan natural que no necesita explicación. Nadie parecía reconocerla, y ella ya no conocía a nadie. Sintiéndose invadida por la nostalgia, decidió regresar a la casa de su abuela.

En una banqueta, una vecina anciana, flaca y encorvada estaba sentada recibiendo el último rayo de sol del día. La última vez que Lupita la vio, era una señora de apenas 50 años muy gorda. Fue la única que la reconoció: 

—Vaya, que vino a ver su casita —dijo la mujer, mientras la noche empezaba a caer—. Hoy quemaron a un loco.

—Lo sé, lo fui a ver. Me hizo tanto daño —respondió Lupita.

—¿Acaso lo conocía?

—Demasiado bien —dijo entre un suspiro aliviado.

Exhausta, entró en la casa y descubrió que todo seguía igual. Las fotos familiares, los recuerdos de viajes a la costa, el calor envolvente de tiempos pasados y sobre todo la lámina abollada del cuarto de su abuela, y la cama en la que cayó rendida, finalmente libre del espasmo de su infancia. Mientras se estaba quedando dormida, algo pesado comenzó a correr sobre las láminas del techo. Atemorizada, Lupita se cubrió la cara con las sábanas, incapaz de reunir el valor para mirar.

Al día siguiente, con la luz del amanecer, decidió ir al tanque público a lavarse la cara. Allí, vio una colonia de gatos paseando por el lugar y bebiendo del tanque. La vecina se le acercó y le dijo:

—Vaya, que vino a ver su casita, tengo muchas cosas que decirle. Sus láminas ya están muy viejas, es por los gatos. Pasan por el tejado para venir a tomar agua al tanque.

De pronto, todo cobró sentido. A Lupita nunca se le apareció Güin cuando era niña. Lo que vio fue un gato que transitaba por el tejado para llegar al tanque. Su mente infantil, escuchando las historias de los hombres sobre el Güin, transformó al inocente gato que la vio asustado entre las grietas en el monstruo que la aterrorizó durante los sueños.

Pero lo más cruel fue darse cuenta de que aquel ladrón de gallinas, castigado, pero que quizá no merecía morir, había sido quemado vivo por su culpa. La cicatriz que ella mostró no había sido infligida por él, sino por una historia que, ahora lo entendía, su mente de niña había malinterpretado. Entendió que su abuela estaba muerta, su madre estaba muerta, sencillamente muertas, y que los tres sueños, solo habían sido eso, sueños.

Comprendió, entre su desdicha, que su intuición la había traicionado.

SEGUNDO LUGAR EN CUENTO CORTO, CERTAMEN DE LITERATURA, ARTE Y CULTURA GUATEPAZ 2024.


 


José J. Guzmán

José J. Guzmán (Quetzaltenango, 1993). Licenciado en Comunicación Social. Más de 10 años de experiencia en medios de comunicación. Tiene un libro de poemas publicados: “La Escena Absoluta” (2012).


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OpiniónLiteratura

Lo que el cerebro lee en silencio

Carol Contreras 2 Marzo 2026 16:30
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La comunicación no empieza cuando hablamos, sino cuando aparecemos. Sin decir una sola palabra, el cerebro de quienes nos rodean ya está interpretando muchos mensajes. Recientemente, en una charla de neurociencia sobre liderazgo, la coach enfatizaba la importancia de la presencia que damos ante una sala de reuniones, un evento, trabajo u otros ambientes sociales.

Les comparto 3 señales que el cerebro lee en silencio y que puedes utilizar a tu favor.

1. Postura abierta: proyecta seguridad, presencia y disposición. Si la postura es rígida, hombros caídos y espalda encogida, las señales que se transmiten son de duda, cansancio y amenaza. Recomendación: respira profundamente antes de ingresar a un lugar, camina con la cabeza alineada y vista al frente.

2. Imagen profesional: las prendas no hablan, pero sí comunican visualmente, generando una primera impresión. La calidad de las prendas, el detalle y cuidado de ellas dicen mucho de ti; los colores y texturas también comunican. No se trata de cantidad, sino de calidad. El cerebro lee el orden, la limpieza, el cuidado personal, la formalidad y profesionalismo. También se interpreta la falta de detalle, el descuido; por lo tanto, se busca coherencia.

3. Gestos y energía: las manos marcan un ritmo de movimiento, el nivel de calma que tienes ante una presentación. Cuando los movimientos son bruscos o excesivos, aumenta el ruido visual. La calma proyecta autoridad; la prisa, ansiedad. Gesticula coherentemente, realiza pausas naturales.

Todo se puede mejorar con intención, estrategia, constancia y voluntad. Recuerda que en los pequeños detalles está el poder de tu imagen.


Carol Contreras

Coach de Imagen


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Rumiación mental y emocional

P. Orlando Pérez 2 Marzo 2026 07:00
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Qué fácil sería la vida si le pusiéramos más atención al tiempo presente y no tanto al pasado o al futuro. Considero que se requiere de mucha fuerza de voluntad para aprender a vivir en el presente y no vivir anclado a dos tiempos: el pasado y el futuro.

Un buen número de hombres y mujeres caminamos aquí y ahora con un montón de situaciones que ya pasaron, pero que no somos capaces de soltarlas y dejarlas atrás. Mientras no se tome la decisión de “dejar” atrás lo que ya pasó, difícilmente disfrutaremos lo que tenemos que hacer todos los días en el tiempo presente.

Caminar por muchos años con esa cantidad de situaciones no resueltas nos enferma y la salud se ve afectada. Todos tenemos situaciones no resueltas en el camino de la vida. Para “dejarlas” atrás se requiere de coraje y valentía, puesto que muchos de nosotros nos hemos acostumbrado a caminar con ellas, y nos duele “soltar” toda esa basura que llevamos dentro.

Los años pasan y, cuando sentimos, la vida se nos ha ido y nunca fuimos capaces de dejar ir lo que nos estorbaba en la vida. Y algunos dan ese paso entre esta vida y la otra vida sin haber resuelto lo que les hacía daño. ¿Qué le hace daño? ¿Cuáles son esas situaciones no resueltas en su vida? Tome conciencia de lo que le enferma y comience un proceso de desintoxicación.

Hay que desintoxicarse de lo que nos afecte. No es nada fácil tomar esta decisión, pero es posible comenzar ese proceso de desintoxicación mental y emocional. Para desintoxicar la mente y el corazón es necesario buscar apoyo en fuentes sanas. Para quienes somos cristianos, la oración es una fuente en donde yo me encuentro con un Jesús que quiere darme siempre de esa agua viva que da vida. Hablar con Dios nos da paz y tranquilidad.

Para una buena desintoxicación mental y emocional hay que acudir a psicoterapia. Un proceso psicoterapéutico nos va a permitir sacar toda esa basura mental y emocional que llevamos dentro. El día que uno tenga el coraje de sacar y tirar ese montón de basura acumulada dentro, ese día habrá comenzado una verdadera metamorfosis en nuestra vida.

Para desintoxicarnos mental y emocionalmente, además de orar y buscar ayuda psicológica, es necesario implementar en nuestra vida una buena lectura, un poco de musicoterapia, momentos de recreación y aprender a disfrutar el presente. La rumiación mental, es decir, el pensar obsesivamente una y otra vez, cansa y embrutece. Cuando una preocupación o un error se mastica muchas veces, se convierte en trastorno, y un trastorno enferma.

Cuando nuestra atención se queda “enganchada” en una preocupación o un error, aparece inmediatamente el estrés y el estrés se convierte en ansiedad.

“En aquellos días, dijo el Señor a Abram: deja tu país, a tu parentela y a la casa de tu padre, para ir a la tierra que yo te mostraré” (Gn 12, 1-4). Este hombre “dejó” atrás todo y se lanzó con fe a una nueva aventura, confiando plenamente en Dios. En nuestro caso, hagamos el esfuerzo de “dejar” la rumiación mental para tener una mejor salud mental y transformarnos en mejores personas. En el nombre de Dios todo es posible.


P. Orlando Pérez

Sacerdote católico, Licenciado en Teología, Licenciado en Psicología General, catedrático universitario, con una maestría en Docencia Superior Universitaria.


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Cambio de estilo con un corte de cabello

Silvia Morales Paniagua 2 Marzo 2026 10:00
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Por lo general, cuando alguien cambia el estilo de corte de cabello surgen una serie de comentarios tales como: te has quitado algunos años de encima, qué bien te ves, te luce ese cambio, ese estilo te beneficia; llama mucho la atención que un simple cambio de estilo del corte de cabello cambia la apariencia y, en algunas ocasiones, el estado de ánimo, y no es casualidad que el cambio inicie en la cabeza.

Dios nos exhorta a que cambiemos nuestra manera de pensar para que los cambios esperados en nuestra vida sean evidentes. Al hablar de cambios de pensamientos implica alinearnos a los pensamientos que Dios tiene para cada uno de nosotros, los cuales son de bien y no de calamidad.

Es fácil darnos cuenta cuando estamos fuera de la voluntad de Dios porque en ciertas situaciones nos sentimos inútiles, incapaces de solucionar los problemas, lo que genera incomodidad y enojo; lo contrario de caminar alineados a la voluntad de Dios. Encontramos respuesta y salida a las situaciones y nuestros pasos suelen ser con libertad y paz.

Déjeme explicar de la siguiente manera, la Palabra de Dios en Filipenses dice: Por último, hermanos, consideren bien todo lo verdadero, todo lo respetable, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo digno de admiración, en fin, todo lo que sea excelente o merezca elogio; este pensamiento es la respuesta para conducirnos bajo la voluntad de Dios. Lo invito a reflexionar sobre las situaciones que está atravesando, sean estas buenas o no tan buenas; filtre sus pensamientos y decisiones en toda situación, porque esto le dará la seguridad de que la decisión que tome será buena, agradable y perfecta, como es la voluntad de Dios.

Recuerde que en la vida todo tiene sentido, feliz inicio de semana.


Silvia Morales Paniagua

Docente de nivel primario y básico con Especialidad en Ciencias Naturales. Licenciada en Administración Educativa y Magíster en Educación Superior.


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Un millón que demuestra que el todo es más que la suma de sus partes

Feliz primer millón de seguidores, La Voz de Xela: ese algo mayor que la suma de las partes de nuestro Quetzaltenango, que finalmente cuenta nuestra historia.

José J. Guzmán 27 Febrero 2026 14:37
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Esta semana, el medio digital La Voz de Xela llegó a su primer millón de seguidores en la red social Facebook, rebasando los ocho años de vida. Este tiempo ha servido para solidificar un proyecto de comunicación comprometido con la audiencia guatemalteca.

Hoy quiero agradecer a mis compañeros de trabajo por alcanzar lo que nos enseña la Gestalt: el todo es más que la suma de sus partes.

Ese millón es la prueba de que existe una estructura completa y organizada que, en unión, deja de ser la simple suma de componentes individuales para convertirse en un medio masivo de comunicación sólido y coherente.

Por ejemplo, cuando escuchamos música no percibimos notas aisladas, sino que experimentamos la melodía, el ritmo y la armonía como una totalidad que nos produce placer. Al ver una película no observamos fotogramas estáticos, sino un movimiento fluido que nos entrega una trama completa.

Detrás de La Voz de Xela hay compañeros que se suman cada día para construir esa totalidad.

La Voz de Xela es un medio que cumple con los objetivos de informar, entretener y educar. Su misión es servir a la ciudadanía a través de la difusión de la historia de la región. Su único interés es anunciar qué está pasando en el contexto local y narrar las historias humanas que emergen desde esta hermosa tierra.

Feliz primer millón de seguidores, La Voz de Xela: ese algo mayor que la suma de las partes de nuestro Quetzaltenango, que finalmente cuenta nuestra historia.


José J. Guzmán

José J. Guzmán (Quetzaltenango, 1993). Licenciado en Comunicación Social. Más de 10 años de experiencia en medios de comunicación. Tiene un libro de poemas publicados: “La Escena Absoluta” (2012).


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OpiniónLa Voz de Xela

El fin justifica los medios. Parte I

Arnoldo Soch Tzul 26 Febrero 2026 07:00
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Hasta la fecha, no se sabe si fue Maquiavelo, Napoleón Bonaparte o Busebaun el autor de la frase “el fin justifica los medios”; sin embargo, su aplicación gira en torno a los resultados y la seguridad del Estado, que todo funcionario debe dar. Resulta muy chocante porque se dejan de observar principios morales y éticos con tal de conseguir ese fin. Esta frase fue dicha, escrita o percibida hace muchos años —año 1513 más o menos—. En nuestros días —513 años después— lo estamos viviendo; lamentablemente, políticos y funcionarios públicos lo están aplicando para conseguir fines aviesos y corruptos con tal de mantener su status quo.

El fin justifica los medios, ha de pensar el pacto de corruptos posicionado en diferentes trincheras: judiciales, ministeriales, hemiciclos parlamentarios, etc. Como estamos en plena elección de segundo grado, donde el pacto de corrupto se aferra y se niega a perder su status quo, trazaron rutas, caminos y, en algunos casos, veredas para mantenerse en el poder. El claro ejemplo es el que cree que es rector de la única universidad pública del país; utilizó los “buenos oficios” de la señora que está en Gerona para mantenerse en ese puesto; sin embargo, cuando la señora quiso reclamar los favores —magistrada ante la CC en representación del CSU—, el usurpador se hizo de la vista gorda y la señora no recibió ni un solo voto. Otro dicho: Mal paga el diablo a quien bien le sirve.

El fin justifica los medios: nuevamente, el usurpador y otros impresentables, haciendo de las suyas en la Comisión Postuladora para elegir magistrados al Tribunal Supremo Electoral.  En otra columna de opinión me referí al lamentable proceder —testimonio— del Sr. Mynor A. Herrera Lemus, quien, desde la fundación de su iglesia El Verbo hasta nuestros días, ha sido y es ministro de culto, situación que le impide participar en procesos como en el que jamás quiso renunciar —integrante de la Comisión postuladora para elegir magistrados del TSE—. Este señor me hizo recordar el episodio de Pedro, cuando negó tres veces a su mejor amigo —Jesús—; negar un apostolado para quedar bien con corruptos e impresentables no tiene perdón de Dios. En fin, en esta Comisión Postuladora, los que se salvaron e hicieron su mejor esfuerzo para elegir gente honesta y transparente fueron Gregorio Saavedra y Edgar Ortiz, ambos en representación del CANG; el fin justificó los medios y, sin mayores esfuerzos de honestidad y transparencia, eligieron a más o menos 12 personas —candidatos— con la conciencia más oscura que el fenómeno de la noche polar —Longyearbyen en Svalbard, Noruega, uno de los lugares habitados más oscuros de la tierra.

Por el trabajo sucio, grotesco y deleznable realizado por la Comisión Postuladora del TSE, hay varios amparos ante la CC solicitando dejar sin efecto el listado de candidatos que fue entregado al Congreso de la República. Es inaudito lo que pasa en nuestro país; el movimiento o resistencia llevada a cabo por los pueblos indígenas, ancestrales y que duró 106 días, fue precisamente por la mala administración de justicia electoral por parte de los magistrados del TSE; ahora resulta que esta Comisión Postuladora le valió un pepino lo más elemental: CAPACIDAD, IDONEIDAD y HONRADEZ, valores que toda persona debe tener para optar a un cargo público —Art. 113 constitucional—

“Las autoridades universitarias guatemaltecas abrieron las puertas a organizaciones criminales y narcotraficantes con sus selecciones para el TSE”, John Barrett, encargado de negocios de la embajada de Estados Unidos en Guatemala.


Arnoldo Soch Tzul

Contador Público y Auditor, asesor financiero y fiscal de pequeñas y microempresas, exalcalde comunitario, auditor social desde hace más de 25 años.


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¿Quiere dormirse y no puede?

Oswaldo Soto 21 Febrero 2026 08:00
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Salud mental es… aceptar que algunas veces las cosas no salen como queremos.

Había una vez un joven hombre que intentaba darle de comer en su mano a una paloma; ponía el alpiste en su palma y esperaba pacientemente.  Cuando por fin la paloma se posaba en su mano y comenzaba a comer, él intentaba agarrarla, pero ella volaba y esperaba lejos.  Al pasar un tiempo, la paloma volvía a posarse en su mano.  El joven llegó a la siguiente conclusión… comprendió alegremente que la paloma solo llega cuando… no se le intenta atrapar.  Así es el sueño, llega como un visitante cuando quiere y se va cuando quiere.

¿Ya se dio cuenta de que entre más desea dormirse, menos se duerme? El deseo evita caer en el sueño. Y de repente oye que los demás están durmiendo y se enoja, pero el enojo no lo deja dormir.  Posiblemente le da miedo pasar la noche sin dormir; sin embargo, el mismo miedo impide dormir.  Usted se preocupa porque mañana estará bostezando, pero fíjese que la preocupación también frena dormir.  

Añora mañana levantarse con energía porque tiene muchas cosas importantes que hacer, pero las añoranzas evitan abrazar el sueño.  Entonces, ahora le entra una desesperación porque pasan las horas en la cama y nada, pero la desesperación le bloquea dormirse.  Percátese de que usted está a la expectativa para ver a qué hora se duerme; sin embargo, estar a la expectativa le despierta.

Tiene esperanzas de que posiblemente hoy sí va a dormirse, pero las esperanzas le hacen estar en vigilia.  Usted sigue con viva atención lo que sucede dentro de sí, pero cuanta más atención pone, menos capaz es de relajarse para dormir.  Esto empeora las cosas, porque ya van varias noches sin dormir y ahora el solo hecho de ver la cama le aterroriza, porque no quiere pasar otra noche de insomnio, pero el estar aterrorizada provoca una mala noche.

Las personas que padecen alguna perturbación del sueño tienden a definirlo como insomnio, como si fuera un auténtico insomnio, pero esto es un engaño, pues duermen algunas horas, aunque no se den cuenta.  Usted los oye roncar y al día siguiente aseguran que estuvieron despiertos toda la noche.  “El sueño es relajación total, es descuidarse, abandonarse, es sumersión en la inconsciencia”, dice Viktor Frankl.  El sueño se ahuyenta cuando se le intenta atrapar; entre más se le intenta atrapar, más se ahuyenta.

Así es que, si quiere dormirse, no lo desee, propóngase solo descansar.  Cuando ya esté calientito entre sus cobijas, convénzase de que ya está recibiendo todo cuanto necesita.  Si el sueño llega, bueno… y si no llega, bueno.  No se enoje, no tenga miedo, no se preocupe, no añore, no se despere, no esté a las expectativas, no esté esperando… y tenga dulces sueños.

Le dejo la siguiente frase para que reflexione:  “Hay veces que solo hay que dejarse llevar por la corriente”.


Oswaldo Soto

Psicólogo clínico con más de 25 años de experiencia, docente universitario, escritor de temas de salud mental.


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La Cuaresma es un tiempo para mejorar su salud mental

P. Orlando Pérez 21 Febrero 2026 07:00
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Hemos iniciado el tiempo de Cuaresma. Son cuarenta días para interiorizar un poco más la Palabra de Dios, y que esta Palabra de Dios vaya generando cambios en nuestra vida. Creo que lo más importante de la Cuaresma es esa disposición que cada uno debe tener para que Dios vaya obrando en nuestra vida. Si no hay disponibilidad para hacer cambios, de nada sirvió haber acudido a recibir la ceniza el miércoles pasado.

La invitación concreta para este tiempo de Cuaresma es volver a Dios, convertirnos a Dios, regresar a Dios. Y las procesiones y otras costumbres propias de esta época deben llevarnos a cambios concretos en nuestra vida. Si no hay una pizca de conversión de vida, de nada sirve privarnos de comidas y bebidas y de cargar en las más bellas andas procesionales. Todo lo externo de la Cuaresma debe conducirnos a la reflexión interna.

“Todavía es tiempo. Vuélvanse a mí de todo corazón” (Joel 2, 12-18). El tiempo propicio para volver a Dios es cada día. El mañana es muy tarde. A veces uno cree que tiene todo el tiempo del mundo para transformarse en una mejor persona. Pero la realidad es otra, porque hoy estamos y mañana puede ser que ya no. La conversión de vida es de todos los días.

Los tres medios clave para volver a Dios son la limosna, la oración y el ayuno. Estos temas los escucharemos varias veces durante el tiempo de Cuaresma.

La limosna se refiere al “dar”. La Cuaresma es una oportunidad para dar, para compartir con los más necesitados. “Cuando des limosna, no lo anuncies con trompeta… que no sepa tu mano izquierda lo que hace la derecha” (Mt 6, 1-6). Esto es importante tenerlo siempre presente, porque hay quienes dan, pero lo viven recordando a cada rato; y esto no tiene sentido. Estamos invitados a dar con y por amor a los demás.

Una Cuaresma sin oración tampoco dará muchos frutos. La oración consiste en dialogar de amor con Dios. A todos nos cuesta, pero busque durante el día algún espacio para orar en silencio y con el corazón contrito y humillado. El pecado está a la orden del día, por lo que necesitamos de esa fuerza espiritual que nos da la oración para no caer en tentaciones diversas. Además de la oración familiar o comunitaria, haga oración personal-mental. Estar a solas con Dios es una experiencia maravillosa.

La Cuaresma también es un tiempo para practicar el ayuno de comida, de bebidas y de la lengua. El ayuno de comida lo sugiere la iglesia todos los viernes de Cuaresma. Pero este ayuno de comida tiene que estar acompañado del ayuno de la lengua. Porque de nada sirve no comer carne, o no comer nada, si no le ponemos freno a nuestra lengua. Menciono la lengua porque con la lengua hablamos con Dios, pero con la lengua nos destruimos unos a otros.

Por lo tanto, ayune de vicios, de malos hábitos. Ayune de chismes, de estar juzgando injustamente a la gente. La Cuaresma es un tiempo para meter la nariz en nuestra propia vida y no en vidas ajenas. Deje que los demás miren qué hacen con su vida. Usted concéntrese en la suya. Ayune de odios, de envidias y resentimientos. Estos sentimientos destruyen la semilla del reino sembrada en su corazón.

Si usted considera que necesita ayuda porque se pasa siempre de mal humor, ansiosa y depresiva, busque ayuda. No le caerían tan mal unas cuantas terapias psicológicas. Dios obrará más y mejor en su vida, si en su interior hay humildad para reconocer sus faltas y pecados. La Cuaresma es un tiempo para mejorar su salud mental y espiritual.


P. Orlando Pérez

Sacerdote católico, Licenciado en Teología, Licenciado en Psicología General, catedrático universitario, con una maestría en Docencia Superior Universitaria.


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Cuando el reloj del deseo no está sincronizado

Fomenten la intimidad sin presión: Acuerden tener momentos de abrazos, masajes o besos con la regla de que "no tienen que llevar a nada más". 

Sara María Mendoza G. 26 Febrero 2026 13:52
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Te acuestas al final del día con el único objetivo de abrazar la almohada y descansar, pero tu pareja se acerca con intenciones claras. O, por el contrario, te despiertas un domingo por la mañana lleno de energía y deseo, pero tu pareja solo quiere seguir durmiendo. Si esta escena te resulta familiar, respira hondo: no significa que el amor se haya acabado ni que haya un problema irresoluble entre ustedes. Este fenómeno tan común tiene un nombre: discronaxia sexual (o discrepancia del deseo), y ocurre cuando los ritmos, tiempos o niveles de deseo sexual de los miembros de una pareja no coinciden. La discronaxia sexual rara vez es un problema de falta de amor; a menudo, es una cuestión de biología y rutinas. La ciencia nos ofrece varias explicaciones que ayudan a despersonalizar el problema:

Ritmos circadianos y cronotipos: Estudios publicados en el Journal of Sexual Medicine señalan que los picos hormonales varían según nuestro cronotipo (si somos "alondras" matutinas o "búhos" nocturnos). Por ejemplo, los niveles de testosterona (vinculados al deseo) suelen estar en su punto máximo por la mañana, mientras que por la noche el cuerpo puede estar produciendo melatonina para prepararse para dormir. 

El modelo de deseo de Basson: La investigadora Rosemary Basson revolucionó la sexología al demostrar que no todo el deseo es espontáneo, gran parte del deseo, especialmente en relaciones a largo plazo, es reactivo. Esto significa que el deseo no aparece antes del encuentro, sino que se despierta como respuesta a los estímulos, las caricias y el ambiente adecuado.Las investigaciones del Instituto Kinsey confirman sistemáticamente que el estrés, la fatiga y la carga mental son los mayores inhibidores del deseo. 

Estrategias prácticas: Validar que ambos tienen ritmos distintos. Encontrar un punto medio, comunícación sin reproches: Cambien el "nunca quieres" o "siempre me presionas" por "me encantaría conectar contigo, ¿en qué momento te sentirías más relajado/a?". La culpa es el peor enemigo de la libido. Rompan el mito de la espontaneidad: Agendar el sexo tiene mala fama porque suena a obligación, pero la realidad es que planificar un encuentro permite que ambos se preparen mental y físicamente. Anticipar el momento puede generar una expectativa muy excitante.

Fomenten la intimidad sin presión: Acuerden tener momentos de abrazos, masajes o besos con la regla de que "no tienen que llevar a nada más". 

El paso más inteligente: Consultar a un experto.


 


Sara María Mendoza G.

Experta en sexualidad, derechos sexuales y reproductivos. Médica General, con especialidad en Ginecología y Obstetricia. Tiene una Maestría en Sexualidad Humana.


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OpiniónSexología

Violencia disfrazada de ironía en redes sociales

Las redes sociales incrementan este comportamiento, porque son un espacio para expresarse con cierta distancia.

Crysta Nowell 26 Febrero 2026 11:30
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La agresividad pasiva es una forma directa o indirecta de expresar enojo, frustración o resentimiento en contra de otra persona, incluso hacia aquellos que no conocen pero que no comparten sus ideas. En redes sociales se visualiza mucho esta situación, considerando que brindan la facilidad de enviar comentarios pasivo-agresivos; estos comentarios muchas veces se presentan en forma de “broma” o ironía. Es una forma fácil de publicar indirectas, comentarios ambiguos o frases aparentemente inocentes, sin mencionar a la persona a quien se le dirige el mensaje.

En la psicología, una persona que se esconde detrás de respuestas sarcásticas, en tono burlón o comparaciones disfrazadas con humor, son personas que tienen dificultad para comunicar sus emociones de forma directa y asertiva. Esto se debe a que, en el fondo, le tienen miedo a enfrentar conflictos, ya que los sacan de su zona de confort y les dan inseguridad. Por el contrario a que esto sea un beneficio, esconderse refuerza la inseguridad, la confusión, la falta de autoconocimiento, y evita enfrentar la realidad y las consecuencias de los actos.

En redes sociales ha aumentado este tipo de comentarios, incluso hacia personas desconocidas o que creen conocer por redes sociales, como por ejemplo a famosos, y ha llegado a atacar a niños que no están perjudicando a estas personas. Esto simplemente demuestra que la persona tiene baja autoestima y que cree construirse criticando a otras personas.

Las redes sociales incrementan este comportamiento, porque son un espacio para expresarse con cierta distancia; además, desarrollan la falta de empatía. Facilitan la conducta porque el anonimato o la exposición pública también pueden convertir la agresión pasiva en una forma de obtener atención o apoyo de otras personas, que muy probablemente compartirán este tipo de conductas constantemente y en los mismos medios.

Este tema es importante, porque es un tipo de violencia emocional. Si usted considera que ha sido víctima de este tipo de comentarios, es importante que reflexione que la persona que está detrás de ese perfil puede ser una persona que tiene inseguridades; por lo tanto, lo mejor es ignorarla.

Si el ataque es directo, lo mejor que puede hacer es bloquearla y eliminar todo aquel contacto que pueda tener con esa persona. Aprender a identificarla y saber manejar la situación con madurez, respeto, claridad y responsabilidad es clave para proteger su propia salud mental.


Crysta Nowell

Psicóloga Industrial / Organizacional, Magíster en Gestión del Talento Humano, asesora en procesos de recursos humanos, capacitadora y especialista en reclutamiento y selección de personal.


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