Lecciones de la selección Sub-20 de fútbol
Los guatemaltecos estamos cansados de tantas malas noticias que suceden en nuestro país. La corrupción en varias instituciones del Estado no para, el Gobierno sigue endeudando a los guatemaltecos, un Ministerio Público que parece que se está empecinando en perseguir a los buenos jueces y fiscales, etc. La violencia y delincuencia sigue su curso, y tantas otras situaciones que generan una especie de depresión social.
Ante este panorama sombrío, la selección de fútbol Sub-20 nos ha dado un pequeño respiro, al haberse clasificado para el mundial de Indonesia 2023 tras haber vencido a México, uno de los gigantes de la CONCACAF. Creo nadie apostaba nada por estos patojos que comenzaron perdiendo con el Salvador de una manera aparatosa.
El recién pasado jueves en la noche, la mayoría de los guatemaltecos y quienes disfrutamos del fútbol, fuimos testigos de ese pase al Mundial de Indonesia. Por algunas horas olvidamos todos los problemas que tiene Guatemala y centramos nuestra atención en el triunfo de la azul y blanco ante su similar de México.
Por los múltiples fracasos que Guatemala ha tenido en los deportes, muchos guatemaltecos ya somos muy escépticos ante competiciones como la actual, pero estos jóvenes menores de 20 años, nos han dado una lección de seguridad y autoestima personal y grupal; pues han demostrado, que querer es poder. El éxito o fracaso en cualquier ámbito de la vida, comienza en la mente. Cuando se cree en lo que se emprende, se logra ese sueño; cuando se cree en el fracaso, se logra fracasar.
Ojalá no hubiera tanta corrupción, para poderle dar seguimientos a estos muchachos que han puesto en Guatemala en boca de comentaristas y deportistas internacionales. Los guatemaltecos sí podemos trabajar cada día para lograr nuestros sueños; pero tenemos que creérnoslo. A veces queremos tener éxito de la noche a la mañana. No caemos en la cuenta de que el verdadero éxito es lento y se trabaja y construye paso a paso. En más de alguna ocasión hay que sufrir persecuciones y humillaciones para poder ver realizados nuestros sueños.
Confío que la baja estima de muchos guatemaltecos vaya mejorando cada día más. Espero que la depresión social que algunos experimentamos por el modo de proceder de nuestras autoridades, vaya mejorando poco a poco. Tenemos que exigirles a nuestras autoridades, para que cumplan lo prometido y trabajen por el bien común, pero “a Dios rogando y con el mazo dando”; es decir, no podemos quedarnos solo en el plano de “quejones crónicos”, sino que cada uno debe de desprogramarse para ponerse a trabajar de manera creativa y así alcanzar sus propios sueños.
Que esta buena noticia de la selección Sub-20 de fútbol sea una oportunidad para que todos nos esforcemos cada día por construir paso a paso nuestros propios sueños. Todos queremos vivir en un mejor país, en donde todos tengamos más y mejores oportunidades de trabajo, educación y salud.
La vida es como el fútbol, algunas veces se gana, otras veces se pierde y otras se empata. Hay críticas constructivas y destructivas. Cuando perdamos, levantémonos del suelo y sigamos con la frente en alto, creyendo en nosotros y por supuesto, creyendo en que hay un Dios que siempre nos motiva para no bajarnos de la cruz.
P. Orlando Pérez
Sacerdote católico, Licenciado en Teología, Licenciado en Psicología General, catedrático universitario, con una maestría en Docencia Superior Universitaria.
A una fiesta se asiste con traje de fiesta
El profeta Isaías habla de que el Señor, en aquel día, preparará un festín, una fiesta con platillos suculentos para todos los pueblos. Una fiesta en donde habrá vinos exquisitos y manjares. Les quitará el velo que les cubre el rostro para que puedan ver bien. Y ese día se dirá: “Aquí está nuestro Dios, de quien esperábamos que nos salvara”. Y hay que alegrarse por la salvación que nos trae (Is 25, 6-10). Esta fiesta que prepara el Señor es para todos. Todos estamos llamados a la salvación. Dios quiere salvarnos a todos. Pero no nos obliga. Dios da oportunidades para que mejoremos nuestra vida, para hacer esos cambios que haya que hacer, para arrepentirnos, para disciplinar un poco más nuestra vida cristiana. Pero esto ya depende de cada uno. Si alguien no quiere, Dios respeta esa decisión de cada uno. Ojalá estemos dispuestos a hacer cambios integrales en nuestra propia vida para que, cuando el Señor venga, me encuentre listo y yo pueda participar plenamente de la vida eterna.
“Yo sé lo que es vivir en pobreza y también lo que es tener de sobra. Estoy acostumbrado a todo: lo mismo a comer bien que a pasar hambre; lo mismo a la abundancia que a la escasez. Todo lo puedo unido a aquel que me da fuerza”. Sin embargo, agradece el apoyo que le dieron por medio de Epafrodito cuando él estuvo preso, posiblemente en Éfeso. Y le pide a Dios que también satisfaga o cubra las necesidades de la comunidad (Flp 4, 12-14. 19-20). Todo tiene su tiempo. Hay un tiempo en el que uno no tiene casi nada y hay tiempos en los que uno tiene para comprarse al gustito. Y todo esto hay que agradecerle a Dios. Pero ya sea que vivamos en pobreza o en la riqueza, nunca nos olvidemos de los pobres, de los que no tienen nada para vivir.
En Mt 22, 1-14, Jesús cuenta la parábola de un rey que preparó un banquete de bodas para su hijo. Y mandó a sus criados para que llamaran a los invitados, pero estos no quisieron ir. El rey manda a otros criados para que los inviten, pero uno se fue a su campo, otro a su negocio y los demás insultaron y mataron a los criados. Entonces, el rey se molesta y los manda a matar y a prenderle fuego a la ciudad. Pero como la fiesta ya estaba lista, entonces manda a sus criados para que salgan a los cruces de los caminos e inviten a todos los que encuentren. Y encontraron a buenos y malos, pero todos fueron invitados.
El único requisito era ir con “traje de fiesta”. Cuando ya todos estaban en la fiesta, el rey se da cuenta de que hay un hombre que no iba vestido con traje de fiesta y da la orden para que lo saquen de la fiesta. Ahora bien, cada uno ha recibido esa invitación para asistir a la boda. Pero para poder participar en este banquete de bodas, se me pide el traje de la justicia, de la fortaleza, de la templanza y de la fortaleza. Se me pide asistir con el traje de la fe, esperanza y caridad. En una palabra, el requisito para poder disfrutar de esta fiesta es llegar con el traje de la conversión de vida.
P. Orlando Pérez
Sacerdote católico, Licenciado en Teología, Licenciado en Psicología General, catedrático universitario, con una maestría en Docencia Superior Universitaria.
Velocidad de la luz: una constante que determina la realidad (2 de 2)
Y cuanto más aprendo sobre la creación, más consciente soy de que conocer el universo también puede ser una manera de admirar a Dios.
Cuando observo la luz, veo mucho más que fotones, longitudes de onda y velocidades. Veo una realidad de la que depende nuestra vida, una naturaleza cuyas leyes podemos descubrir, pero que no hemos creado nosotros.
La Biblia comienza con una declaración grandiosa: “En el principio creó Dios los cielos y la tierra” (Génesis 1:1). Poco después encontramos estas palabras: “Sea la luz” (Génesis 1:3).
No confundo el relato bíblico con una explicación de la física moderna. Lo interpreto desde una perspectiva espiritual: la luz, desde las primeras páginas de la Escritura, representa una expresión del orden y de la obra creadora de Dios.
¿Significa que ya comprendemos todos sus misterios? Por supuesto que no. Cada respuesta científica abre nuevas preguntas. Cada descubrimiento nos permite conocer algo más, pero también nos recuerda cuánto queda por descubrir.
Mi convicción es firme: Dios es el Gran Creador de todo lo que existe y el fundamento del orden del universo.
No necesito enfrentar a Dios con la ciencia para defender mi fe. Tampoco necesito renunciar a la razón para creer. Puedo estudiar, preguntar, contrastar evidencias y reconocer los límites de nuestro conocimiento sin abandonar mi confianza en el Creador.
Quizá nunca lleguemos a comprender todos los secretos del universo. Sin embargo, tenemos la extraordinaria capacidad de investigar, descubrir y maravillarnos.
Cada vez que pienso en la luz, en sus propiedades y en su papel esencial para la vida, reafirmo una convicción personal: detrás de la inmensidad del universo encuentro razones para creer en una inteligencia creadora superior a nosotros: Dios.
La ciencia me ayuda a comprender la grandeza del universo. Mi fe me lleva a reconocer en esa grandeza la obra de su Creador.
Y cuanto más aprendo sobre la creación, más consciente soy de que conocer el universo también puede ser una manera de admirar a Dios.
César Pérez Méndez
Licenciado en Ciencias de la Comunicación (Usac), con tres maestrías en diferentes campos y Doctor en Investigación en Educación (Usac). CEO de La Voz de Xela, profesor universitario y conferencista.
OpiniónVelocidad de la Luz
Nuestras calles bañadas de lluvia…
Estos problemas también son responsabilidad de los habitantes, quienes necesitan comprometerse con su territorio.
En las columnas anteriores, se discutió sobre los diferentes problemas que tiene la ciudad, entre los accesos, el crecimiento desmedido, los servicios básicos insuficientes, los problemas de tráfico, la falta de movilidad con calles inaccesibles para transitar y, como si fuera poco, ahora nos encontramos con la lluvia que viene a intensificar los problemas.
Las recientes lluvias han provocado inundaciones, hundimientos y colapsos de drenajes en varios puntos del municipio.
Cuando una ciudad no tiene planes de crecimiento ni un estudio urbanístico, sin ordenamiento territorial, mucho menos un estudio ambiental, se enfrenta a un caos. Como el vivido recientemente, con calles anegadas, tragantes tapados y ríos de tierra y basura.
Las soluciones no están a la vuelta de la esquina, no son mágicas. Se necesita de personas comprometidas con la comunidad que busquen medidas de mitigación para mejorar la calidad de vida, para que las personas vivan con dignidad. Se necesitan autoridades que tengan visión de futuro, que cuenten con especialistas para buscar soluciones, que se comprometan con los ciudadanos.
Estos problemas también son responsabilidad de los habitantes, quienes necesitan comprometerse con su territorio, cambiar los malos hábitos, como tirar basura en la calle, mantener limpio su espacio, ser comprometidos con nosotros mismos; no somos solidarios, no pensamos en los demás, en cómo afecta lo que hacemos o dejamos de hacer.
En un artículo de la CONRED dice: "No es la lluvia, es la basura".
La basura obstruye los sistemas de drenaje, eleva de manera crítica el riesgo de inundaciones durante la época de lluvias y genera graves focos de contaminación e infección en las comunidades.
Hagamos conciencia y exijamos a las autoridades que hagan el trabajo para el que fueron electos y nosotros, los ciudadanos, realicemos el compromiso con nuestro municipio: no tirar basura en la calle.
Claudia Yomara Mazariegos Soto
OpiniónQuetzaltenango
Profesionales explotados: profesionales frustrados
Cuando el trabajo deja de ser un espacio de crecimiento y se convierte en una fuente de desgaste emocional y frustración profesional, se deteriora la calidad de vida.
La necesidad de trabajar se ha convertido en un problema para los profesionales que, por necesidad, soportan cualquier situación. Los profesionales son personas que se preparan, tienen talento, han desarrollado experiencia y cuentan con formación académica para crecer y tener mejores oportunidades laborales. Sin embargo, las jornadas excesivas, las responsabilidades que no son acordes con el puesto, la remuneración y el tiempo, la falta de motivación, las jornadas largas y otros factores pueden provocar que el profesional empiece a desgastarse emocionalmente. Esto es explotación laboral.
El trabajo no es solo una fuente de ingresos; es un espacio para desarrollarse profesionalmente, ser reconocido, tener sentido de pertenencia y alcanzar la realización profesional. La frustración se genera cuando se entrega demasiado y no se recompensa debidamente, lo que crea un sentimiento de injusticia.
Los profesionales que viven esta situación experimentan agotamiento emocional, falta de energía y entusiasmo. Sienten que se esfuerzan de más, que nunca es suficiente y empiezan a presentar problemas para dormir, falta de concentración y conflictos en su vida personal, hasta que, con el tiempo, comienzan a manifestarse signos de burnout.
Este problema se presenta en aquellas entidades que normalizan el sacrificio de sus trabajadores, confunden la responsabilidad y el compromiso con la obligación y el sacrificio que sobrepasan los límites humanos. La situación se complica cuando se desmerita el trabajo y al profesional. En concreto, se presentan situaciones como horarios extensos, funciones que no corresponden al puesto, sobrecarga de tareas y funciones, recursos limitados, poco contacto con los altos mandos de la empresa, maltrato e incumplimiento de los derechos laborales. Esto se conoce como explotación laboral.
Las empresas también deben comprender que exigir más sin ofrecer condiciones adecuadas no garantiza mejores resultados, ya que un trabajador agotado puede cometer más errores, perder la iniciativa y, como consecuencia, desvincularse de sus responsabilidades.
Ningún título universitario obliga a una persona a sacrificar su salud mental para demostrar su valor. Cuando el trabajo deja de ser un espacio de crecimiento y se convierte en una fuente de desgaste emocional y frustración profesional, se deteriora la calidad de vida de quienes trabajan en estas entidades y, como consecuencia, disminuyen su efectividad y productividad.
Crysta Nowell
Psicóloga Industrial / Organizacional, Magíster en Gestión del Talento Humano, asesora en procesos de recursos humanos, capacitadora y especialista en reclutamiento y selección de personal.
OpiniónPsicología
Capturan en Retalhuleu a hombre requerido por extorsión a transportes
El detenido era requerido por un juzgado de Quetzaltenango desde 2021.
Un hombre de 59 años fue capturado por el delito de extorsión durante un operativo de seguridad e identificación realizado por agentes de la Policía Nacional Civil (PNC) en la zona 1 de Retalhuleu.
El detenido, identificado como Miguel “N”, se presentó como pastor evangélico y tenía una orden de captura emitida por un juzgado de Quetzaltenango el 21 de abril de 2021, según información policial.
La investigación está relacionada con depósitos recibidos en una cuenta bancaria que, de acuerdo con las pesquisas, estarían vinculados con extorsiones contra una empresa de transporte extraurbano.
Durante un operativo en Retalhuleu policías dieron cumplimiento a una orden de captura para Miguel “N”, de 59 años, por el delito de extorsión. La captura es en seguimiento a una investigación de depósitos recibidos en su cuenta bancaria, producto de extorsiones. https://t.co/fizD6rj8jq
— PNC de Guatemala (@PNCdeGuatemala) October 14, 2026
Los agentes de la Comisaría 34 hicieron efectiva la orden judicial durante el operativo. El señalado quedó a disposición de las autoridades correspondientes para solventar su situación legal.
Las investigaciones continúan para establecer las circunstancias del caso y determinar las posibles responsabilidades.
La Voz de Xela
PNCExtorsiónRetalhuleu
Velocidad de la luz: una constante que determina la realidad (1 de 2)
Estoy convencido de que el conocimiento científico y la fe no tienen por qué ser enemigos. Pueden dialogar y enriquecerse mutuamente.
Cuanto más profundizo en el conocimiento científico, más razones encuentro para admirar la grandeza de la creación y reafirmar mi convicción de que el universo no es simplemente el resultado de una casualidad, sino la obra de un Creador cuya grandeza supera nuestra capacidad de comprensión.
La velocidad de la luz es un ejemplo extraordinario. Viaja a casi 300 mil kilómetros por segundo en el vacío. Gracias a ella recibimos la energía del Sol, vemos el mundo que nos rodea, nos comunicamos mediante tecnologías que transforman nuestra vida y observamos el pasado del universo a través de la luz que llega desde galaxias lejanas.
Y entonces me hago una pregunta: ¿cómo no detenernos a reflexionar ante gran precisión?
La luz obedece leyes físicas que podemos estudiar y expresar matemáticamente. Su velocidad en el vacío es una constante fundamental de la naturaleza. Sus propiedades y su interacción con la materia hacen posibles innumerables procesos esenciales para nuestra existencia.
Para mí, detrás de esta realidad existe la inteligencia de un Gran Creador. Y ese Gran Creador es Dios.
No considero que la complejidad del universo sea motivo para descartar la ciencia. Por el contrario, creo que estudiarla nos permite contemplar con mayor profundidad la grandeza de la creación. La ciencia nos ayuda a comprender cómo funcionan las cosas, mientras que mi fe me lleva a preguntarme por el origen y el propósito de todo lo que existe.
No pretendo demostrar la existencia de Dios mediante una ecuación física. Sin embargo, estoy convencido de que el conocimiento científico y la fe no tienen por qué ser enemigos. Pueden dialogar y enriquecerse mutuamente.
Cuanto más comprendo las leyes del universo, más razones encuentro para admirar la creación y reafirmar mi fe en Dios. Continuará…
César Pérez Méndez
Licenciado en Ciencias de la Comunicación (Usac), con tres maestrías en diferentes campos y Doctor en Investigación en Educación (Usac). CEO de La Voz de Xela, profesor universitario y conferencista.
OpiniónVelocidad de la Luz
La mano de Dios siempre ha estado conmigo
“Pero llevamos este tesoro en vasijas de barro, para que se vea que una fuerza tan extraordinaria es de Dios y no proviene de nosotros” (2Co 4,7). El pasado 6 de octubre del presente año cumplí 25 años de Ordenación Sacerdotal. Son 25 años que los puedo sintetizar en “ora et labora”. He invertido todos estos años en hacer oración por mí y los demás, porque estoy plenamente convencido de que sin oración es imposible mantenerse fieles y perseverar. Además, me he dedicado a trabajar.
Soy un hombre de campo. Nací el 24 de octubre de 1971 en la aldea El Cenegal, municipio de La Libertad, departamento de Huehuetenango. Salí de esta comunidad hacia la ciudad de Huehuetenango en 1986 para comenzar mis estudios de Educación Básica. Trabajaba de día y estudiaba de noche. Durante los dos años que viví en la ciudad de Huehuetenango (1986-1987), mi hermano mayor me puso a estudiar sastrería con unos amigos; aprendí algo. Recuerdo que el primer pantalón que hice lo quemé. Luego me dio la oportunidad de vender en las calles.
En octubre de 1987, estaba yo en el parque cuando pasó un primo (Daniel Roldán) y me preguntó si le daba hospedaje en la casa de mi hermano. Yo le pregunté de dónde venía y él me dijo que venía del Colegio Seminario San José de Sololá y que ese día se había graduado. Y me preguntó: “¿No te gustaría irte al Seminario?”. Le dije que sí. En ese momento me llevó a hablar con el padre Max (QDE) a la Catedral y él me contactó con el padre Gabriel, en Jacaltenango. Viajé a Jacaltenango para hablar con el padre. No quería inscribirme en el grupo de los que en el mes de noviembre viajarían a Sololá a la semana de admisión en el Colegio Seminario San José. Finalmente, me inscribió.
En noviembre de 1987 viajé a Sololá y participé en la semana de admisión en el Colegio Seminario San José. A finales de noviembre me llegó la carta de aceptación. Me puse contento. En enero de 1988 comencé a estudiar Segundo Básico en Sololá, por parte de la Diócesis de Huehuetenango. Luego de cuatro años en el Colegio, a mediados de 1991, le pedí permiso al padre Raúl, encargado vocacional de la diócesis, para hacer una experiencia con los monjes benedictinos. Me gustó. Entonces pedí dejar la diócesis de Huehuetenango para poder entrar con los padres benedictinos. En octubre de 1991 entré como postulante.
En noviembre de 1991, los monjes se vinieron a Quetzaltenango y, por ende, yo. En 1992 comencé a estudiar Filosofía, plan diario, en el Priorato San José, y los fines de semana estudiaba el PEM en Pedagogía y Psicología en la Universidad Rafael Landívar. Me gradué en 1995. Este mismo año inicié el noviciado. En 1996 hice los votos temporales. En 1997 comencé los estudios de Teología en el Seminario Mayor Nacional de la Asunción, en la ciudad de Guatemala. En 1999 hice los votos solemnes. En el año 2000 participé en la Jornada Mundial de la Juventud en Roma. Este viaje me ayudó a confirmar mi vocación al sacerdocio. Este mismo año terminé los estudios teológicos. Me ordené diácono el 3 de febrero de 2001 y me ordené sacerdote el 6 de octubre del mismo año, por imposición de manos de Mons. Víctor Hugo Martínez (QDEP).
Después de ordenarme, asumí algunas responsabilidades en el Priorato San José, en Quetzaltenango. Estas responsabilidades me ayudaron a madurar en la fe y a adquirir más habilidad para manejar emociones. Dejé estas responsabilidades a mediados de 2017. Para ese entonces ya había terminado mis estudios de Psicología y una Maestría. Desde 2013 hasta la fecha, parte de mi vida la he dedicado a la educación, consciente de que el sacerdote, el filósofo y el psicólogo no solo tienen que entender la realidad, sino que tienen que transformarla.
Y desde 2019 hasta la fecha he desempeñado mi ministerio sacerdotal en las parroquias de San Juan Ostuncalco, San Martín Sacatepéquez y Concepción Chiquirichapa. ¡Gracias a Dios y a la vida!
P. Orlando Pérez
Sacerdote católico, Licenciado en Teología, Licenciado en Psicología General, catedrático universitario, con una maestría en Docencia Superior Universitaria.
El valor de ser diferentes
Porque nuestras diferencias no nos hacen menos humanos. Nos recuerdan cuántas maneras existen de serlo.
A lo largo de mi vida profesional he tenido la oportunidad de trabajar con personas de distintas nacionalidades, culturas, creencias y formas de pensar y una de las lecciones más importantes que me dejaron esas experiencias es que las diferencias no tienen por qué separarnos. Muchas veces, precisamente por ser diferentes, podemos aprender unos de otros.
Cada sociedad tiene su propia historia, sus costumbres y su manera de comprender el mundo. Lo mismo sucede con las personas. Lo que para unos resulta natural, para otros puede parecer extraño. El problema comienza cuando creemos que nuestra forma de pensar o actuar es la única correcta. Comprobé además que, reunir personas de diferentes culturas no garantiza que puedan trabajar juntas, se necesita algo más: disposición para comprender otras perspectivas, reconocer capacidades y aceptar que nadie posee todas las respuestas.
En mi libro “Humanizar la política desde la política” abordé la diversidad como un complemento para nuestras sociedades. Sigo convencido de que reconocer nuestras diferencias no significa renunciar a nuestra identidad, sino comprender que podemos enriquecernos con las experiencias de los demás. Esto tiene aplicaciones concretas. Las universidades pueden promover el intercambio de conocimientos entre generaciones y culturas. Las organizaciones pueden formar equipos donde las distintas experiencias tengan espacio para contribuir. Y cada uno de nosotros puede comenzar por evitar los prejuicios y conocer mejor a quienes viven o piensan de manera diferente.
La diversidad no debería quedarse en una declaración de buenas intenciones. Su verdadero valor aparece cuando se convierte en oportunidades para aprender, colaborar y crecer juntos. No necesitamos tener la misma historia, las mismas ideas ni costumbres para construir algo valioso. Porque nuestras diferencias no nos hacen menos humanos. Nos recuerdan cuántas maneras existen de serlo.
Luis Felipe Polo
OpinónLiderazgo
Cinco inteligencias artificiales que pueden cambiar su trabajo
La inteligencia artificial ya está aquí. El momento de comenzar puede ser hoy.
Quizá usted todavía no utiliza inteligencia artificial porque piensa que es complicada, que requiere conocimientos técnicos o que solamente sirve para grandes empresas. La realidad es diferente. Hoy existen herramientas sencillas que pueden convertirse en asistentes para nuestro trabajo diario.
Primer paso: elija una tarea que realiza repetidamente durante la semana y pregúntele a una IA cómo podría ayudarle a hacerla mejor o más rápido. Puede ser redactar correos, preparar una presentación, resumir documentos o generar ideas. No necesita comenzar con algo complicado; simplemente experimente.
ChatGPT puede ayudarle a redactar correos, preparar propuestas, generar ideas, resumir documentos y organizar proyectos. Microsoft Copilot facilita tareas dentro de Word, Excel, PowerPoint y Outlook. Gemini, de Google, ayuda a investigar, redactar y organizar información. Claude puede analizar documentos extensos y desarrollar ideas. Y Canva con inteligencia artificial permite crear presentaciones, diseños y material para redes sociales sin ser diseñador.
No se trata de dejar que una máquina haga nuestro trabajo, sino de permitir que nos ayude a hacerlo mejor, más rápido y con mayor creatividad.
La Biblia dice: “El corazón del entendido adquiere sabiduría” (Proverbios 18:15). Aprender algo nuevo también es parte de crecer profesionalmente.
Pero debemos usar estas herramientas con criterio: “Todo me es lícito, mas no todo conviene” (1 Corintios 10:23). No debemos confiar ciegamente en una respuesta de IA; debemos revisarla.
Y recordemos: “Todo lo que te viniere a la mano para hacer, hazlo según tus fuerzas”(Eclesiastés 9:10).
La inteligencia artificial ya está aquí. El momento de comenzar puede ser hoy.
Edwin Ibarra
Médico Especialista en Cardiología y Ecocardiografía. Coach, conferencista y entrenador certificado por el Programa de John Maxwell, Pastor de la Red de Empresarios y Profesionales de Iglesia Bethania Quetzaltenango. Fundador de los Proyectos “Sanando el Corazón” y “Discipulado Empresarial 20/20”.
OpiniónReflexión














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