Fines de la educación superior

La Voz de Xela · Redacción 29 Enero 2019 07:00
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Tratar de determinar y explicar los fines de la educación en el nivel superior, entendidos como los motivos por los cuales se ejecuta o lleva a cabo el proceso formativo, implica ver atrás y comprender antes de dónde se origina la educación en su escencia y cómo el educando ha accedido a ese nivel. Para ello es necesario conocer cuáles han sido los fines de la educación en los niveles anteriores; partir de esto permite a la universidad plantear el objeto de su actividad, qué debe aportar a quien ingresa a la misma y establecer un perfil de egresado.

Considerando, bajo la idea de la causalidad aristótelica, que todo tiene una causa y un efecto, la educación no escapa a ello, pero, ¿cuáles son esos fines que persigue, o en todo caso debería alcanzar? Sin ver al educando como un objeto, o un simple engranaje de la sociedad, sí se le tiene que formar con un objetivo colectivo, cierto es que cada quien tiene la libertad para alcanzar la plenitud de la manera que lo desee, esa libertad tiene límites ante otros conceptos más importantes: la dignidad, la igualidad y la justicia.

La condición individual del ser humano no debe apartarse, entonces, de su entorno y menos aún de la necesidad de que como miembro de la sociedad tenga que aportar al desarrollo de la misma. Bajo esa premisa inicial, los fines de la educación en general tienen que ir en función de la autorrealización del ser humano, según Maslow fin último en la pirámide de necesidades, pero también del desarrollo de una sociedad más digna, igualitaria y justa.

Sin embargo, para llegar a este tipo de conclusiones, se tiene que reflexionar sobre cuál es la razón de ser del ser humano, un cuestionamiento no menos sencillo de responder, abordado por diversos autores y que continúa siendo objeto de análisis. Lo anterior sirve para comprender que la educación es solo un espacio y aporte más para que el educando, visto como tal en este ámbito, alcance un fin superior, y no que la educación sea en sí un fin superior. Por ello la academia tiene que considerar, no cuáles son motivos para formar, sino qué es lo que motiva al ser para educarse.

Las razones del ser humano, que son muy diversas como el mismo hombre lo es, dan la idea de hacia dónde tiene que orientarse la educación y cuáles deben ser en realidad sus fines, más aún en la formación superior, que en muchos casos en nuestro medio es vista como una posibilidad a la que no todos tienen acceso, y que debería permitir al educando ser mejor -no entendido como superior- persona entre sus semejantes.

Por otra parte, para conocer los fines, también influyen las condiciones en las cuales se desarrolla el proceso educativo; los objetivos cambian con relación al entorno, principio básico administrativo. Ya decía Ortega y Gasset: Yo soy y mi circunstancia. Aun cuando los fines fundamentales tendrían que mantenerse, de formar a un ser humano, cada vez más humano y pensante, no se puede decir que la educación superior, por ejemplo, en Europa, persiga lo mismo que en Latinoamérica o en Asia, por hablar de continentes. No se plantea igual la educación en ese nivel en una democracia que frente a un gobierno absolutista. Los fines tampoco serán los mismos si se vive en un conflicto interno que si se dan las condiciones para que se cumplan los derechos fundamentales.

Todo esto plantea la idea, que algunas veces de manera lamentable, la educación responde a las circunstancias y se adecúa a las necesidades del momento, cambiando la manera en que es formado el educando.

Cuáles deben ser esos motivos de la educación superior, tienen en principio que responder a un ideal de hombre y a un ideal de sociedad; es decir, un concepto integrado y no uno simplista que vaya en función de un enfoque instrumentalista a través del cual el educando solo pretende alcanzar un grado superior de formación para mejorar sus condiciones de vida y las de su familia mediante un trabajo mejor remunerado.

La realidad, no obstante, es contraria a las condiciones de lo que se plantea, porque la educación superior ha perdido el sentido de los conceptos básicos propuestos al inicio de este texto, y ha pasado a ser parte de ese carácter instrumentalista de las instituciones, siendo uno de los fines principales la obtención de ganancias económicas, respondiendo en consecuencia a otros objetivos distintos a los que incluso consigna la Constitución Política de la República de Guatemala.

La educación superior tiene que ser el nivel que le permita al educando discutir sobre la realidad para cambiarla de forma positiva, formar una ideología acorde a los valores personales y de su casa de estudios, crear conocimiento y no solo repetirlo; no puede limitarse a la simple transmisión de información, porque eso podría suplirse con una educación autodidacta, la cual, indistintamente, siempre deben exigirse los educandos. Por ello, si se analiza con mayor profundidad, existen más motivos de la razón de ser de las instituciones de educación superior, una de las principales es ser un espacio para que confluyan personas de distintas condiciones, pero que busquen el mismo ideal de una sociedad más justa, equitativa y libre.

Muchos de los cambios, de hecho, tendrían que generarse desde las universidades, públicas o privadas, como cuna de ese pensamiento reflexivo y crítico, y no ser lugares desde donde se busque mantener el poder. Por ello, la educación superior debe ser para todos, pero para todos los que en verdad sean conscientes de la necesidad de formación para mejorar las condiciones de vida en el país y no para los que, carentes de valores, solo acuden sin un sentido o para corromper y entorpecer más la sociedad a través de la legitimidad de un título o pertenencia a una casa de estudios. En esto cabe reflexionar sobre la facilidad en el acceso a la educación superior y en consecuencia la calidad de la misma. Finalmente, este proceso formativo debe apuntar hacia la perfectibilidad del ser humano.


La Voz de Xela · Redacción


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Velocidad de la luz: una constante que determina la realidad (2 de 2)

Y cuanto más aprendo sobre la creación, más consciente soy de que conocer el universo también puede ser una manera de admirar a Dios.

César Pérez Méndez 16 Octubre 2026 11:42
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Cuando observo la luz, veo mucho más que fotones, longitudes de onda y velocidades. Veo una realidad de la que depende nuestra vida, una naturaleza cuyas leyes podemos descubrir, pero que no hemos creado nosotros.

La Biblia comienza con una declaración grandiosa: “En el principio creó Dios los cielos y la tierra” (Génesis 1:1). Poco después encontramos estas palabras: “Sea la luz” (Génesis 1:3).

No confundo el relato bíblico con una explicación de la física moderna. Lo interpreto desde una perspectiva espiritual: la luz, desde las primeras páginas de la Escritura, representa una expresión del orden y de la obra creadora de Dios.

¿Significa que ya comprendemos todos sus misterios? Por supuesto que no. Cada respuesta científica abre nuevas preguntas. Cada descubrimiento nos permite conocer algo más, pero también nos recuerda cuánto queda por descubrir.

Mi convicción es firme: Dios es el Gran Creador de todo lo que existe y el fundamento del orden del universo.

No necesito enfrentar a Dios con la ciencia para defender mi fe. Tampoco necesito renunciar a la razón para creer. Puedo estudiar, preguntar, contrastar evidencias y reconocer los límites de nuestro conocimiento sin abandonar mi confianza en el Creador.

Quizá nunca lleguemos a comprender todos los secretos del universo. Sin embargo, tenemos la extraordinaria capacidad de investigar, descubrir y maravillarnos. 

Cada vez que pienso en la luz, en sus propiedades y en su papel esencial para la vida, reafirmo una convicción personal: detrás de la inmensidad del universo encuentro razones para creer en una inteligencia creadora superior a nosotros: Dios.

La ciencia me ayuda a comprender la grandeza del universo. Mi fe me lleva a reconocer en esa grandeza la obra de su Creador.

Y cuanto más aprendo sobre la creación, más consciente soy de que conocer el universo también puede ser una manera de admirar a Dios.


César Pérez Méndez

Licenciado en Ciencias de la Comunicación (Usac), con tres maestrías en diferentes campos y Doctor en Investigación en Educación (Usac). CEO de La Voz de Xela, profesor universitario y conferencista.


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OpiniónVelocidad de la Luz

Nuestras calles bañadas de lluvia…

Estos problemas también son responsabilidad de los habitantes, quienes necesitan comprometerse con su territorio.

Claudia Yomara Mazariegos Soto 16 Octubre 2026 11:17
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En las columnas anteriores, se discutió sobre los diferentes problemas que tiene la ciudad, entre los accesos, el crecimiento desmedido, los servicios básicos insuficientes, los problemas de tráfico, la falta de movilidad con calles inaccesibles para transitar y, como si fuera poco, ahora nos encontramos con la lluvia que viene a intensificar los problemas.

Las recientes lluvias han provocado inundaciones, hundimientos y colapsos de drenajes en varios puntos del municipio.

Cuando una ciudad no tiene planes de crecimiento ni un estudio urbanístico, sin ordenamiento territorial, mucho menos un estudio ambiental, se enfrenta a un caos. Como el vivido recientemente, con calles anegadas, tragantes tapados y ríos de tierra y basura.

Las soluciones no están a la vuelta de la esquina, no son mágicas. Se necesita de personas comprometidas con la comunidad que busquen medidas de mitigación para mejorar la calidad de vida, para que las personas vivan con dignidad. Se necesitan autoridades que tengan visión de futuro, que cuenten con especialistas para buscar soluciones, que se comprometan con los ciudadanos.

Estos problemas también son responsabilidad de los habitantes, quienes necesitan comprometerse con su territorio, cambiar los malos hábitos, como tirar basura en la calle, mantener limpio su espacio, ser comprometidos con nosotros mismos; no somos solidarios, no pensamos en los demás, en cómo afecta lo que hacemos o dejamos de hacer.

En un artículo de la CONRED dice: "No es la lluvia, es la basura".

La basura obstruye los sistemas de drenaje, eleva de manera crítica el riesgo de inundaciones durante la época de lluvias y genera graves focos de contaminación e infección en las comunidades.

Hagamos conciencia y exijamos a las autoridades que hagan el trabajo para el que fueron electos y nosotros, los ciudadanos, realicemos el compromiso con nuestro municipio: no tirar basura en la calle.


Claudia Yomara Mazariegos Soto


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OpiniónQuetzaltenango

Profesionales explotados: profesionales frustrados

Cuando el trabajo deja de ser un espacio de crecimiento y se convierte en una fuente de desgaste emocional y frustración profesional, se deteriora la calidad de vida.

Crysta Nowell 15 Octubre 2026 09:03
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La necesidad de trabajar se ha convertido en un problema para los profesionales que, por necesidad, soportan cualquier situación. Los profesionales son personas que se preparan, tienen talento, han desarrollado experiencia y cuentan con formación académica para crecer y tener mejores oportunidades laborales. Sin embargo, las jornadas excesivas, las responsabilidades que no son acordes con el puesto, la remuneración y el tiempo, la falta de motivación, las jornadas largas y otros factores pueden provocar que el profesional empiece a desgastarse emocionalmente. Esto es explotación laboral.

El trabajo no es solo una fuente de ingresos; es un espacio para desarrollarse profesionalmente, ser reconocido, tener sentido de pertenencia y alcanzar la realización profesional. La frustración se genera cuando se entrega demasiado y no se recompensa debidamente, lo que crea un sentimiento de injusticia.

Los profesionales que viven esta situación experimentan agotamiento emocional, falta de energía y entusiasmo. Sienten que se esfuerzan de más, que nunca es suficiente y empiezan a presentar problemas para dormir, falta de concentración y conflictos en su vida personal, hasta que, con el tiempo, comienzan a manifestarse signos de burnout.

Este problema se presenta en aquellas entidades que normalizan el sacrificio de sus trabajadores, confunden la responsabilidad y el compromiso con la obligación y el sacrificio que sobrepasan los límites humanos. La situación se complica cuando se desmerita el trabajo y al profesional. En concreto, se presentan situaciones como horarios extensos, funciones que no corresponden al puesto, sobrecarga de tareas y funciones, recursos limitados, poco contacto con los altos mandos de la empresa, maltrato e incumplimiento de los derechos laborales. Esto se conoce como explotación laboral.

Las empresas también deben comprender que exigir más sin ofrecer condiciones adecuadas no garantiza mejores resultados, ya que un trabajador agotado puede cometer más errores, perder la iniciativa y, como consecuencia, desvincularse de sus responsabilidades.

Ningún título universitario obliga a una persona a sacrificar su salud mental para demostrar su valor. Cuando el trabajo deja de ser un espacio de crecimiento y se convierte en una fuente de desgaste emocional y frustración profesional, se deteriora la calidad de vida de quienes trabajan en estas entidades y, como consecuencia, disminuyen su efectividad y productividad.


Crysta Nowell

Psicóloga Industrial / Organizacional, Magíster en Gestión del Talento Humano, asesora en procesos de recursos humanos, capacitadora y especialista en reclutamiento y selección de personal.


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OpiniónPsicología

Capturan en Retalhuleu a hombre requerido por extorsión a transportes

El detenido era requerido por un juzgado de Quetzaltenango desde 2021.

La Voz de Xela 14 Octubre 2026 11:30
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Policías de la Comisaría 34 capturaron a un hombre de 59 años durante un operativo en Retalhuleu.

Un hombre de 59 años fue capturado por el delito de extorsión durante un operativo de seguridad e identificación realizado por agentes de la Policía Nacional Civil (PNC) en la zona 1 de Retalhuleu.

El detenido, identificado como Miguel “N”, se presentó como pastor evangélico y tenía una orden de captura emitida por un juzgado de Quetzaltenango el 21 de abril de 2021, según información policial.

La investigación está relacionada con depósitos recibidos en una cuenta bancaria que, de acuerdo con las pesquisas, estarían vinculados con extorsiones contra una empresa de transporte extraurbano.

Los agentes de la Comisaría 34 hicieron efectiva la orden judicial durante el operativo. El señalado quedó a disposición de las autoridades correspondientes para solventar su situación legal.

Las investigaciones continúan para establecer las circunstancias del caso y determinar las posibles responsabilidades.


La Voz de Xela


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PNCExtorsiónRetalhuleu

Velocidad de la luz: una constante que determina la realidad (1 de 2)

Estoy convencido de que el conocimiento científico y la fe no tienen por qué ser enemigos. Pueden dialogar y enriquecerse mutuamente.

César Pérez Méndez 14 Octubre 2026 10:22
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Cuanto más profundizo en el conocimiento científico, más razones encuentro para admirar la grandeza de la creación y reafirmar mi convicción de que el universo no es simplemente el resultado de una casualidad, sino la obra de un Creador cuya grandeza supera nuestra capacidad de comprensión.

La velocidad de la luz es un ejemplo extraordinario. Viaja a casi 300 mil kilómetros por segundo en el vacío. Gracias a ella recibimos la energía del Sol, vemos el mundo que nos rodea, nos comunicamos mediante tecnologías que transforman nuestra vida y observamos el pasado del universo a través de la luz que llega desde galaxias lejanas.

Y entonces me hago una pregunta: ¿cómo no detenernos a reflexionar ante gran precisión?

La luz obedece leyes físicas que podemos estudiar y expresar matemáticamente. Su velocidad en el vacío es una constante fundamental de la naturaleza. Sus propiedades y su interacción con la materia hacen posibles innumerables procesos esenciales para nuestra existencia.

Para mí, detrás de esta realidad existe la inteligencia de un Gran Creador. Y ese Gran Creador es Dios.

No considero que la complejidad del universo sea motivo para descartar la ciencia. Por el contrario, creo que estudiarla nos permite contemplar con mayor profundidad la grandeza de la creación. La ciencia nos ayuda a comprender cómo funcionan las cosas, mientras que mi fe me lleva a preguntarme por el origen y el propósito de todo lo que existe.

No pretendo demostrar la existencia de Dios mediante una ecuación física. Sin embargo, estoy convencido de que el conocimiento científico y la fe no tienen por qué ser enemigos. Pueden dialogar y enriquecerse mutuamente.

Cuanto más comprendo las leyes del universo, más razones encuentro para admirar la creación y reafirmar mi fe en Dios. Continuará…


César Pérez Méndez

Licenciado en Ciencias de la Comunicación (Usac), con tres maestrías en diferentes campos y Doctor en Investigación en Educación (Usac). CEO de La Voz de Xela, profesor universitario y conferencista.


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OpiniónVelocidad de la Luz

La mano de Dios siempre ha estado conmigo

P. Orlando Pérez 10 Octubre 2026 07:00
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“Pero llevamos este tesoro en vasijas de barro, para que se vea que una fuerza tan extraordinaria es de Dios y no proviene de nosotros” (2Co 4,7). El pasado 6 de octubre del presente año cumplí 25 años de Ordenación Sacerdotal. Son 25 años que los puedo sintetizar en “ora et labora”. He invertido todos estos años en hacer oración por mí y los demás, porque estoy plenamente convencido de que sin oración es imposible mantenerse fieles y perseverar. Además, me he dedicado a trabajar.

Soy un hombre de campo. Nací el 24 de octubre de 1971 en la aldea El Cenegal, municipio de La Libertad, departamento de Huehuetenango. Salí de esta comunidad hacia la ciudad de Huehuetenango en 1986 para comenzar mis estudios de Educación Básica. Trabajaba de día y estudiaba de noche. Durante los dos años que viví en la ciudad de Huehuetenango (1986-1987), mi hermano mayor me puso a estudiar sastrería con unos amigos; aprendí algo. Recuerdo que el primer pantalón que hice lo quemé. Luego me dio la oportunidad de vender en las calles.

En octubre de 1987, estaba yo en el parque cuando pasó un primo (Daniel Roldán) y me preguntó si le daba hospedaje en la casa de mi hermano. Yo le pregunté de dónde venía y él me dijo que venía del Colegio Seminario San José de Sololá y que ese día se había graduado. Y me preguntó: “¿No te gustaría irte al Seminario?”. Le dije que sí. En ese momento me llevó a hablar con el padre Max (QDE) a la Catedral y él me contactó con el padre Gabriel, en Jacaltenango. Viajé a Jacaltenango para hablar con el padre. No quería inscribirme en el grupo de los que en el mes de noviembre viajarían a Sololá a la semana de admisión en el Colegio Seminario San José. Finalmente, me inscribió.

En noviembre de 1987 viajé a Sololá y participé en la semana de admisión en el Colegio Seminario San José. A finales de noviembre me llegó la carta de aceptación. Me puse contento. En enero de 1988 comencé a estudiar Segundo Básico en Sololá, por parte de la Diócesis de Huehuetenango. Luego de cuatro años en el Colegio, a mediados de 1991, le pedí permiso al padre Raúl, encargado vocacional de la diócesis, para hacer una experiencia con los monjes benedictinos. Me gustó. Entonces pedí dejar la diócesis de Huehuetenango para poder entrar con los padres benedictinos. En octubre de 1991 entré como postulante.

En noviembre de 1991, los monjes se vinieron a Quetzaltenango y, por ende, yo. En 1992 comencé a estudiar Filosofía, plan diario, en el Priorato San José, y los fines de semana estudiaba el PEM en Pedagogía y Psicología en la Universidad Rafael Landívar. Me gradué en 1995. Este mismo año inicié el noviciado. En 1996 hice los votos temporales. En 1997 comencé los estudios de Teología en el Seminario Mayor Nacional de la Asunción, en la ciudad de Guatemala. En 1999 hice los votos solemnes. En el año 2000 participé en la Jornada Mundial de la Juventud en Roma. Este viaje me ayudó a confirmar mi vocación al sacerdocio. Este mismo año terminé los estudios teológicos. Me ordené diácono el 3 de febrero de 2001 y me ordené sacerdote el 6 de octubre del mismo año, por imposición de manos de Mons. Víctor Hugo Martínez (QDEP).

Después de ordenarme, asumí algunas responsabilidades en el Priorato San José, en Quetzaltenango. Estas responsabilidades me ayudaron a madurar en la fe y a adquirir más habilidad para manejar emociones. Dejé estas responsabilidades a mediados de 2017. Para ese entonces ya había terminado mis estudios de Psicología y una Maestría. Desde 2013 hasta la fecha, parte de mi vida la he dedicado a la educación, consciente de que el sacerdote, el filósofo y el psicólogo no solo tienen que entender la realidad, sino que tienen que transformarla.

Y desde 2019 hasta la fecha he desempeñado mi ministerio sacerdotal en las parroquias de San Juan Ostuncalco, San Martín Sacatepéquez y Concepción Chiquirichapa. ¡Gracias a Dios y a la vida!


P. Orlando Pérez

Sacerdote católico, Licenciado en Teología, Licenciado en Psicología General, catedrático universitario, con una maestría en Docencia Superior Universitaria.


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El valor de ser diferentes

Porque nuestras diferencias no nos hacen menos humanos. Nos recuerdan cuántas maneras existen de serlo.

Luis Felipe Polo 13 Octubre 2026 11:00
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A lo largo de mi vida profesional he tenido la oportunidad de trabajar con personas de distintas nacionalidades, culturas, creencias y formas de pensar y una de las lecciones más importantes que me dejaron esas experiencias es que las diferencias no tienen por qué separarnos. Muchas veces, precisamente por ser diferentes, podemos aprender unos de otros.

Cada sociedad tiene su propia historia, sus costumbres y su manera de comprender el mundo. Lo mismo sucede con las personas. Lo que para unos resulta natural, para otros puede parecer extraño. El problema comienza cuando creemos que nuestra forma de pensar o actuar es la única correcta. Comprobé además que, reunir personas de diferentes culturas no garantiza que puedan trabajar juntas, se necesita algo más: disposición para comprender otras perspectivas, reconocer capacidades y aceptar que nadie posee todas las respuestas.

En mi libro “Humanizar la política desde la política” abordé la diversidad como un complemento para nuestras sociedades. Sigo convencido de que reconocer nuestras diferencias no significa renunciar a nuestra identidad, sino comprender que podemos enriquecernos con las experiencias de los demás. Esto tiene aplicaciones concretas. Las universidades pueden promover el intercambio de conocimientos entre generaciones y culturas. Las organizaciones pueden formar equipos donde las distintas experiencias tengan espacio para contribuir. Y cada uno de nosotros puede comenzar por evitar los prejuicios y conocer mejor a quienes viven o piensan de manera diferente.

La diversidad no debería quedarse en una declaración de buenas intenciones. Su verdadero valor aparece cuando se convierte en oportunidades para aprender, colaborar y crecer juntos. No necesitamos tener la misma historia, las mismas ideas ni costumbres para construir algo valioso. Porque nuestras diferencias no nos hacen menos humanos. Nos recuerdan cuántas maneras existen de serlo.


 


Luis Felipe Polo


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OpinónLiderazgo

Cinco inteligencias artificiales que pueden cambiar su trabajo

La inteligencia artificial ya está aquí. El momento de comenzar puede ser hoy.

Edwin Ibarra 13 Octubre 2026 10:52
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Quizá usted todavía no utiliza inteligencia artificial porque piensa que es complicada, que requiere conocimientos técnicos o que solamente sirve para grandes empresas. La realidad es diferente. Hoy existen herramientas sencillas que pueden convertirse en asistentes para nuestro trabajo diario.

Primer paso: elija una tarea que realiza repetidamente durante la semana y pregúntele a una IA cómo podría ayudarle a hacerla mejor o más rápido. Puede ser redactar correos, preparar una presentación, resumir documentos o generar ideas. No necesita comenzar con algo complicado; simplemente experimente.

ChatGPT puede ayudarle a redactar correos, preparar propuestas, generar ideas, resumir documentos y organizar proyectos. Microsoft Copilot facilita tareas dentro de Word, Excel, PowerPoint y Outlook. Gemini, de Google, ayuda a investigar, redactar y organizar información. Claude puede analizar documentos extensos y desarrollar ideas. Y Canva con inteligencia artificial permite crear presentaciones, diseños y material para redes sociales sin ser diseñador.

No se trata de dejar que una máquina haga nuestro trabajo, sino de permitir que nos ayude a hacerlo mejor, más rápido y con mayor creatividad.

La Biblia dice: “El corazón del entendido adquiere sabiduría” (Proverbios 18:15). Aprender algo nuevo también es parte de crecer profesionalmente.

Pero debemos usar estas herramientas con criterio: “Todo me es lícito, mas no todo conviene” (1 Corintios 10:23). No debemos confiar ciegamente en una respuesta de IA; debemos revisarla.

Y recordemos: “Todo lo que te viniere a la mano para hacer, hazlo según tus fuerzas”(Eclesiastés 9:10).

La inteligencia artificial ya está aquí. El momento de comenzar puede ser hoy.


Edwin Ibarra

Médico Especialista en Cardiología y Ecocardiografía. Coach, conferencista y entrenador certificado por el Programa de John Maxwell, Pastor de la Red de Empresarios y Profesionales de Iglesia Bethania Quetzaltenango. Fundador de los Proyectos “Sanando el Corazón” y “Discipulado Empresarial 20/20”.


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OpiniónReflexión

Hacer el bien por nuestro bien

Silvia Morales Paniagua 12 Octubre 2026 16:00
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Hoy escuché decir esta frase: “Hoy en día, hacer lo bueno o correcto es estar mal”. Me detuve a pensar y a reflexionar, cayendo en cuenta de que, en muchos casos, efectivamente es una normalidad en una sociedad carente de valores en la que estamos inmersos. Solo con este ejemplo: todos sabemos que ser puntual es un valor, un hábito, una capacidad y una responsabilidad de hacer algo en un plazo acordado, sin dejar de mencionar que además es una muestra de respeto a las personas y a su tiempo, que, dicho de paso, es tan valioso. Sin embargo, hoy en día llegar impuntual es una normalidad y llegar puntual, una anormalidad.

La pregunta es: ¿de quién es la culpa? Probablemente usted difiera de mi opinión, pero mi respuesta es: la culpa es solo nuestra. Dios nos exhorta en Gálatas 6:9 a que no nos cansemos de hacer el bien; añade que a su tiempo segaremos, si no desmayamos, lo que nos enseña que prácticamente hacer el bien no es algo sencillo y fácil. Hacer lo correcto puede representar una actividad agotadora y desgastante que, en muchas oportunidades, nos lleva a desistir y a desmayar, pero hay algo esperanzador en este pasaje bíblico: la gratificación por hacer lo bueno o correcto.

En la imagen de este árbol que utilizo el día de hoy para ilustrar se observan estos diminutos seres vivos, con un tamaño aproximado de 5 milímetros, tan pequeños, con un color y brillantez que llaman la atención y que pocos pueden darse cuenta de su existencia. Lo que quiero decir con esto es que hacer lo bueno o correcto, en su mayoría, pasa desapercibido, pero con toda seguridad hay alguien que sí lo ve. Así que la invitación para esta semana es: “Hacer el bien por nuestro bien”. Recuerde: en la vida todo tiene sentido.


Silvia Morales Paniagua

Docente de nivel primario y básico con Especialidad en Ciencias Naturales. Licenciada en Administración Educativa y Magíster en Educación Superior.


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