Algo pesado corría sobre el techo de la casa (cuento)

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José J. Guzmán 20 Junio 2025 15:21
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Guiada por su intuición, Lupita decidió volver al pueblo donde una vez fue niña. Tenía la corazonada de que para liberarse, ahora de adulta, de la persecución del Güin, debía confrontarlo cara a cara. Resolvió hacerlo porque tres veces un sueño recurrente la atormentó en noches imprevisibles. En ese mundo onírico, revivía la madrugada del velorio de su abuela. Tenía apenas cuatro años y su madre la acostó en la cama de la habitación donde, horas antes, la pariente que ahora le parecía tan lejana había dejado el plano terrenal. A un lado, en la sala, un grupo de señoras rezaban un rosario de cuerpo presente que poco a poco la sumió en un húmedo letargo. Ya estando en el estado de duermevela, entre la vigilia y el sueño, un extraño animal levantó la lámina de zinc del cuarto y la observó con sus ojos enormes.

La intuición no era nada nuevo para ella; era, en realidad, su fiel compañera de vida. Como psicoterapeuta, se había inclinado al estudio de la metafísica como una terapia personal y de autoconocimiento para tratar los dolores emocionales de sus pacientes. Confiaba en su intuición más que en lo aprendido en las aulas, incluso más de lo que había aprendido leyendo a Freud, a Jung y a Adler. Sin necesidad de ver el reloj, su intuición le dictaba la hora exacta del día, sabía de qué iba a tratar esa llamada que entraba entre sesiones, cuál era el diagnóstico de su paciente, cuál su dolor espiritual y cuál el tratamiento, todo sin necesidad de usar el intelecto.

Sí, era apenas una niña cuando el Güin se le apareció. Recordaba ese mes de marzo. Su madre la sacó de la escuela entre llantos, jalandola del brazo y gritando: ≪¡Está muerta, está muerta, tu abuela está muerta!≫. Luego, tenía imágenes del trayecto en el bus de parrilla; de su madre dándole un manojo de flores para que las pusiera en sus rodillas mientras emprendían el viaje a la costa sur de Guatemala. 

Cuando llegaron al pueblo, que sólo visitaban para la noche de Nochevieja, los familiares y conocidos ya estaban reunidos envueltos en el sopor del velorio. Recordaba las calles de tierra, el centro del poblado donde se vendían huevos de iguana, el tanque de agua donde las señoras lavaban, y a su par, la gran casa de madera de su abuela, el cuerpo en el féretro, las enormes velas de muerto que intensificaban los calores nocturnos y humanos, y la gigantesca carpa instalada en la calle donde las sillas se amontonaban, sin ningún orden específico, esperando más dolientes.

Fue también la primera vez que, quizá, su intuición la visitó, porque mientras la oscuridad avanzaba, supo que el velorio no terminaría pronto y que toda esa gente amanecería allí contando anécdotas y chistes sobre la fallecida hasta que fuera hora de irse al camposanto. Fue entonces cuando le dijo a su madre que estaba cansada, y ella la acomodó en la cama donde su abuela había fallecido esa misma mañana de marzo. La niña se quedó medio dormida, protegida por un mosquitero, mientras sudaba la mala hora previa a su desgracia.

Cuando empezó a entrar en el estado de duermevela, sucedió:

Escuchó cómo algo pesado corría, a gran velocidad, sobre el techo de la casa. Era muy rápido, en verdad era veloz y pesado. Al abrir los ojos, descubrió cómo las láminas se doblaban por la gravedad de lo que sucedía arriba. Era un sonido que, supo, no era de este mundo, porque le provocaba una sensación extraña de no pertenecer, por un momento, a la realidad. La presencia de esa cosa era tan fuerte que pensó que caería en la habitación. Pero, al contrario, hubo un silencio pasajero que la estremeció antes de la fatalidad: a los pocos segundos, una mano peluda, de humano pero con garras de perro, levantó la lámina aflojando los clavos de la madera donde se sostenía, y vio a un perro grande, viejo y babeante, mirándola con sus ojos rojos y puntiagudos mientras le ofrecía una sonrisa gigantesca que dejaba ver sus colmillos.

Lupita salió corriendo del cuarto y, al pasar, volcó una candela. Las rezadoras parecían ajenas a lo que había ocurrido hasta cuando ya estaba sucediendo lo fatal. El vestido de encaje que llevaba pronto agarró las llamas, y su cuerpo se vio envuelto en fuego, quemándole la pierna derecha y dejándole una cicatriz para siempre, un morado que creció con ella, hasta ahora, en el año de sus 33 años.

≪¡Me asustó!≫, gritaba entre el fuego. ≪¡Me asustó!, ¡hay un animal en ese cuarto!≫, decía, mientras las rezadoras intentaban quitarle el vestido e iban corriendo por agua al tanque público al lado de la casa.

Si algo recordaba muy bien, ahora que regresaba al pueblo, era la certeza de que una quemadura duele más cuando sucede en la costa. Se había quemado muchas veces en la vida, pero ninguna le dolió tanto como aquella noche y en los días siguientes, durante las novenas, cuando tenía que meter la pierna al tanque para sentir un poco de alivio.

Aún no había amanecido cuando le aplicaron ungüento, y esta vez su madre decidió acompañarla en la cama para que pudiera dormir unos momentos. Sin embargo, no pudo. El ardor era insoportable. Observaba entre las ranuras de las tablas de las paredes de madera a los hombres del velorio, sentados en las sillas, con las camisetas levantadas sobre el ombligo, abanicándose y tomando cerveza. ≪Se le apareció el Güin a la pequeña≫, decía uno.

Y fue esa misma madrugada, en la que la pasó asustada y delirante por el dolor que escuchó la historia entre las conversaciones de los señores, que a cualquiera le hubieran parecido murmullos, a todos, menos a ella:

—El Güin es un hombre malo que tiene la capacidad de convertirse en perro a voluntad. Se sube a los techos de las casas para causar alboroto y se roba a las gallinas.

Escuchó que había que atraparlo y azotarlo para que dejara de hacer alboroto; escuchó, también, que una vez castigado se convertía en hombre y salía huyendo, aunque siempre regresaba por temporadas.

Aquel pasaje de su infancia desapareció en de su vida, hasta cuando, exhausta después de atender a su último paciente un viernes por la noche, regresó a su casa en la ciudad y se quedó profundamente dormida en el sillón mientras veía una película. Ese episodio de sus cuatro años, volvió en sueños por tres veces.

Los ojos estaban presentes, imborrables cada noche en los que el proceso de alienación se instauró en su alma, hasta hacerle perder la virtud de estar en medio de las coordenadas de la tierra. Dejó de atender en el consultorio una semana antes de haber esperando a que llegara la genuina inspiración de la intuición. A que le dictara lo que debía hacer, y de hecho, fue su fe en ella la que le dijo que debía regresar al pueblo donde una vez fue niña, al cual no había vuelto desde hace una década, cuando su madre falleció. Regresaría a la vieja casa de su abuela que recibió como herencia, y dormir en la misma cama, que seguramente permanecía intacta, encapsulando el tiempo de otras eras, para intentar, por fin, quedarse dormida y, en medio del estado de duermevela, volver a tener contacto con él.

Pero, en efecto, ya era otro tiempo y otro pueblo. Las casas de madera y lámina se habían cambiado por casas de block con terraza, y en lugar de tiendas y cantinas alumbradas al anochecer con velas y focos amarillos, ahora había locales de ventas de cosas pirateadas, ropa americana y artículos de plástico que la alejaban del recuerdo nostálgico de su infancia. Pero había algo extraño, demasiado extraño: los locales, aunque abiertos, estaban vacíos. Las calles estaban vacías, y un maldito aroma le recordaba la presencia de la muerte, ese olor que sus pacientes suicidas llevaban cuando ambos sabían que sería la última vez que se verían, y que la terapia no había funcionado, no porque su intuición fallara, sino porque en verdad ya no había nada que hacer.

Recorrió las mismas calles hasta llegar al centro de la ciudad, donde las luces de neón de feria de dos o tres casetas esperaban a sus dueños como si aquello fuera un pueblo fantasma. Tenía sed, pero nadie servía la horchata; tenía calor, y la humedad de las cuatro de la tarde le golpeaba la cara con un tierno beso que la envolvía en el sudor de una aventura que le parecía extraña. ≪Seguiré soñando≫, dijo, pero el golpe de la realidad activó el mecanismo de su consciencia cuando apareció un grupo de niños descalzos saliendo de entre las champas improvisadas del mercado municipal, corriendo y tratando de desenredar una soga. ≪Apresurémonos≫, dijo uno de ellos, y ella corrió tras ellos para preguntarles dónde estaban los demás.

—Es que lo agarraron —dijo otro—, agarraron al ladrón de gallinas.

—Lo quieren amarrar a un poste en el campo de fútbol —gritó a la distancia el más pequeño.

Lupita supo entonces que el encuentro estaba cerca. No se había equivocado: algo estaba ocurriendo en este pueblo, y ella había regresado para rendir cuentas, para saber, por fin, y conocer la forma humana de quien la llamaba en sueños.

Persiguió a los niños hasta llegar al campo de fútbol, y encontró a la multitud en círculo y en el centro reconoció una figura humana demacrada, golpeada, y con la boca empapada en sangre, pidiendo perdón.

El bullicio era ensordecedor, pero se distinguían las constantes palabras ≪ladrón, ladrón, ladrón≫. Mientras Lupita se abría paso entre la multitud, sintió cómo la mirada de alguien conocido se posaba en ella.

Lupita avanzaba entre la muchedumbre con firmeza, sintiendo que cada paso la acercaba no solo a su destino físico, sino a una culminación inevitable. Algo en su interior parecía estar ajustando cuentas, y gracias a sus estudios de metafísica, comprendía que el universo estaba alineándose justo para este momento.

Al llegar al frente de la multitud, lo vio. No hubo dudas en ella. Estaba sentado y hundido en las alucinaciones de sus golpes. Aquellos ojos inyectados en sangre eran los mismos que la miraron cuando era una niña. Lupita se sintió libre, inspirada, completamente humana. Con voz clara y firme, señaló: ≪Él fue... él fue...≫, mientras se bajaba el pantalón beige, mostrando la quemadura que aún marcaba su piel. ≪Hay que prenderle fuego por lo que me hizo≫, sentenció.

La turba, como movida por el instinto primitivo, desechó la idea de amarrarlo a un poste y roció gasolina sobre el hombre. Uno de los ancianos, con su autoridad sobre las cosas del pueblo, fue quien le prendió fuego con un mechero. El ladrón, envuelto en llamas, corrió por todo el campo de fútbol, gritando de dolor, tratando con fuerza humana, pero también sin esperanza, arrancar su carne mientras su cuerpo ardía. Los minutos transcurrieron lentamente, hasta que su figura, envuelta en el umbral entre lo vivo y lo muerto, colapsó en el centro del campo. Lo que quedó de él no era más que un pedazo de carbón. El olor le recordó a Lupita el de su propio vestido quemado tantos años atrás.

La multitud se dispersó sin hacerle preguntas, como si el acto de justicia fuera tan natural que no necesita explicación. Nadie parecía reconocerla, y ella ya no conocía a nadie. Sintiéndose invadida por la nostalgia, decidió regresar a la casa de su abuela.

En una banqueta, una vecina anciana, flaca y encorvada estaba sentada recibiendo el último rayo de sol del día. La última vez que Lupita la vio, era una señora de apenas 50 años muy gorda. Fue la única que la reconoció: 

—Vaya, que vino a ver su casita —dijo la mujer, mientras la noche empezaba a caer—. Hoy quemaron a un loco.

—Lo sé, lo fui a ver. Me hizo tanto daño —respondió Lupita.

—¿Acaso lo conocía?

—Demasiado bien —dijo entre un suspiro aliviado.

Exhausta, entró en la casa y descubrió que todo seguía igual. Las fotos familiares, los recuerdos de viajes a la costa, el calor envolvente de tiempos pasados y sobre todo la lámina abollada del cuarto de su abuela, y la cama en la que cayó rendida, finalmente libre del espasmo de su infancia. Mientras se estaba quedando dormida, algo pesado comenzó a correr sobre las láminas del techo. Atemorizada, Lupita se cubrió la cara con las sábanas, incapaz de reunir el valor para mirar.

Al día siguiente, con la luz del amanecer, decidió ir al tanque público a lavarse la cara. Allí, vio una colonia de gatos paseando por el lugar y bebiendo del tanque. La vecina se le acercó y le dijo:

—Vaya, que vino a ver su casita, tengo muchas cosas que decirle. Sus láminas ya están muy viejas, es por los gatos. Pasan por el tejado para venir a tomar agua al tanque.

De pronto, todo cobró sentido. A Lupita nunca se le apareció Güin cuando era niña. Lo que vio fue un gato que transitaba por el tejado para llegar al tanque. Su mente infantil, escuchando las historias de los hombres sobre el Güin, transformó al inocente gato que la vio asustado entre las grietas en el monstruo que la aterrorizó durante los sueños.

Pero lo más cruel fue darse cuenta de que aquel ladrón de gallinas, castigado, pero que quizá no merecía morir, había sido quemado vivo por su culpa. La cicatriz que ella mostró no había sido infligida por él, sino por una historia que, ahora lo entendía, su mente de niña había malinterpretado. Entendió que su abuela estaba muerta, su madre estaba muerta, sencillamente muertas, y que los tres sueños, solo habían sido eso, sueños.

Comprendió, entre su desdicha, que su intuición la había traicionado.

SEGUNDO LUGAR EN CUENTO CORTO, CERTAMEN DE LITERATURA, ARTE Y CULTURA GUATEPAZ 2024.


 


José J. Guzmán

José J. Guzmán (Quetzaltenango, 1993). Licenciado en Comunicación Social. Más de 10 años de experiencia en medios de comunicación. Tiene un libro de poemas publicados: “La Escena Absoluta” (2012).


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OpiniónLiteratura

El Dto. 19-2009 debe ser reemplazado. Primera parte

Arnoldo Soch Tzul 30 Abril 2026 08:00
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El Decreto 19-2009, Ley de Comisiones de Postulación, entró en vigencia el 25 de junio de 2009; hasta la fecha, no ha sido reformado a pesar de tres intentos —2018, 2015 y 2022. El objeto fundamental de esta ley es desarrollar normas constitucionales para contar con comisiones postuladoras y que éstas —Comisiones de Postulación— pudiesen tener mecanismos y procedimientos tanto legales como morales para seleccionar perfiles idóneos de candidatos para magistrados de la Corte Suprema de Justicia, Corte de Apelaciones, Contralor General de Cuentas, Fiscal General y jefe del Ministerio Público, Tribunal Supremo Electoral y Procurador de los Derechos Humanos.

En su artículo 2, establece principios que deben regir la actuación de las Comisiones de Postulación, es decir, principios básicos y elementales tales como la transparencia, excelencia profesional, objetividad y publicidad. Lo más importante de estas comisiones, es decir, su razón fundamental de ser, es seleccionar a personas que se postulan a los distintos cargos, basado en criterios de CAPACIDAD, ESPECIALIDAD, IDONEIDAD, HONRADEZ Y HONORABILIDAD COMPROBADA; estos criterios en teoría son conocidos por la ciudadanía, están plasmados en el artículo 113 constitucional. Por sentido común, si los integrantes de las Comisiones de Postulación no llenan los criterios básicos, la selección de los candidatos para ocupar los cargos de suma importancia para el país será un fracaso total. La mayoría de las y los comisionados que participaron en esta ocasión eran personas de muy poca honorabilidad, incluso, con señalamientos tanto nacionales como internacionales, de tener vínculos con actividades ilícitas, incluso, haber llegado a esas comisiones cometiendo ilegalidades, como el caso concreto de Walter Mazariegos —fue presidente de la Comisión de Postulación para elegir a magistrados para el Tribunal Supremo Electoral.

El caso de Walter Mazariegos —quien dice ser rector de la USAC— es una maraña judicial para perpetuarse en la rectoría y desde allí, actuar servilmente a favor de la impunidad.

La actual presidenta de la Comisión de Postulación para elegir al nuevo fiscal general y jefe del Ministerio Público es otro personaje vinculado con personas de mala reputación —dime con quién andas y te diré quién eres—; por favor, no me eche a mí la culpa, es de conocimiento público, nacional e internacional. Su trabajo o consigna en la CSJ y luego en la Comisión de Postulación está comprometido a favor de partidos políticos como VAMOS, TODOS, UNE, CABAL; imaginémonos, si tiene comunicación estrecha con Allan Rodríguez —sancionado por el Departamento del Tesoro de los EEUU—, además pertenece al grupo ASPA liderado por Néster Vásquez —también sancionado por EEUU—, entonces su credibilidad está por los suelos. Es más, sus intervenciones en dicha comisión, lo confirmó, todos vimos en los diferentes medios de comunicación, su afán a favor de candidatos vinculados con la corrupción y la impunidad.

Estimado lector, el estado de cosas que vivimos en el país —sociales y económicos— ha venido de más a menos. Este año —2026— se perfilaba como un año de trascendencia en todos los niveles, pero especialmente en la posibilidad de cambios en el sistema de justicia —CSJ, CC y MP—; sin embargo, como van las cosas, casi hemos perdido nuevamente esos cambios que tanto esperamos. Pregunto: ¿Dónde están los atributos, criterios, principios, etc., de CAPACIDAD, IDONEIDAD Y HONRADEZ en las personas que conformaron las últimas Comisiones de Postulación —TSE, CC y MP—? Reitero, si los comisionados —con rarísimas excepciones— no tuvieron criterios de Capacidad, Idoneidad y Honradez, ¿cómo carajos —perdón— iban a exigir esos atributos a los candidatos? Por Dios, ¿hasta dónde hemos caído? Y lo peor, nos damos cuenta y no hacemos casi nada para evitarlo; la poca ciudadanía que existe no quiere arriesgarse, precisamente por la criminalización latente, dictadura judicial.

Entonces, ¿la selección de las seis personas que conforman el listado para ser Fiscal General y Jefe del Ministerio Público es una falacia y seguramente nos encamina a una utopía?


Arnoldo Soch Tzul

Contador Público y Auditor, asesor financiero y fiscal de pequeñas y microempresas, exalcalde comunitario, auditor social desde hace más de 25 años.


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¿La mediocridad en el trabajo es un reflejo de desmotivación?

Porque un entorno laboral saludable no solo produce mejores resultados, sino también personas más comprometidas y satisfechas.

Crysta Nowell 30 Abril 2026 12:45
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En la actualidad vemos personas ejerciendo su trabajo, sobre todo en servicio al cliente, donde se comportan de forma desagradable, sin ganas, no nos atienden bien y hasta nos molestamos. La calificación que normalmente se le aplica a estos actos es “mediocridad”, sobre todo para describir a personas que demuestran estar poco comprometidas con su trabajo, conformistas, y de bajo rendimiento. 

Esta actitud, desde la psicología organizacional, pocas veces se relaciona con la falta de capacidad; más bien, responde al resultado de un conjunto de factores emocionales, culturales y estructurales directamente del clima laboral. Un detonante de la mediocridad en el trabajo es la desmotivación, normalmente relacionado con la frustración, oportunidades limitades, salario poco competitivo, clima laboral pesado, poco empático y negativo, liderazgo negativo, entre otras. 

La mediocridad también puede estar relacionada con el burnout o agotamiento emocional. Normalmente este se desarrolla cuando la demanda laboral supera la capacidad de la persona y esta presenta un estado de desgaste emocional y físico, los cuales afectan su rendimiento, creatividad y genera reacciones en su actitud demostrando falta de interés, sin embargo, es una señal de desgaste emocional. 

La repetición constante de tareas, sin un aprendizaje nuevo, sin crecimiento laboral, sin capacitación constante; genera un sentimiento de frustración y cree que su tarea no es indispensable para la empresa, ni mucho menos su presencia. Todo esto crea un sentimiento de estancamiento y conforme va pasando el tiempo bajo las mismas situaciones, la persona perderá el interés y su efectividad disminuirá. La mediocridad no solo afecta la productividad de la persona sino también genera baja autoestima. 

Desde la psicología, es importante entender que la mediocridad es un síntoma que representa un sistema laboral y un clima laboral ineficiente, en donde no se presta atención al bienestar y desarrollo humano. Al final, la mediocridad no siempre es falta de talento, sino falta de condiciones y propósito. Transformarla requiere un cambio tanto en las organizaciones como en la forma en que las personas se relacionan con su trabajo.

Porque un entorno laboral saludable no solo produce mejores resultados, sino también personas más comprometidas y satisfechas.


 


Crysta Nowell

Psicóloga Industrial / Organizacional, Magíster en Gestión del Talento Humano, asesora en procesos de recursos humanos, capacitadora y especialista en reclutamiento y selección de personal.


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OpiniónPsicología

Acreditados, pero no preparados

Los clubes han convertido las acreditaciones en herramientas de alcance, no de calidad.

Colaboración 30 Abril 2026 12:08
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Guillermo González 

En el futbol guatemalteco, cada vez hay más gente cubriendo partidos, pero menos personas haciendo periodismo. La frase incomoda, lo sé. No es nueva, pero la reavivó recientemente Marco Antonio Figueroa. Y como suele pasar en nuestro entorno, el mensajero terminó siendo más cuestionado que el mensaje. Es mucho más fácil indignarse por la forma que sentarse a discutir el fondo.

Hoy, una acreditación colgada al cuello parece ser el título automático de "periodista". Un teléfono, una cuenta en redes y un par de videos virales alcanzan para ocupar espacios que, hasta hace poco, exigían preparación, criterio y, sobre todo, responsabilidad. El problema no es que existan nuevas voces; la democratización de la información es valiosa. El problema es que muchas de ellas hablan sin entender el peso de lo que dicen.

Aquí no se trata de romantizar el pasado ni de ver con desprecio lo digital. Se trata de algo mucho más básico: rigor.

  • El periodismo no es solo grabar.
  • El periodismo no es solo repetir lo primero que se escucha. El periodismo no es solo simplemente "reaccionar".
  • Hacer periodismo es verificar, contrastar y, por encima de todo, hacerse responsable de lo que se publica. Y eso, hoy por hoy, es un bien que escasea.

Parte de esta distorsión tiene responsables con nombre y apellido. Los clubes han convertido las acreditaciones en herramientas de alcance, no de calidad. Pareciera que la consigna es: "mientras más cámaras, mejor", aunque no todas informen. Han abierto la puerta a un ecosistema donde la visibilidad pesa más que la credibilidad. Pero no nos engañemos, la audiencia también juega su parte.

Hay un público que premia el escándalo sobre el análisis y el clip viral sobre el contexto. En esa carrera por el clic, muchos han entendido que no hay que informar mejor, sino más rápido. El resultado es evidente: ruido. Mucho ruido. Y en medio de ese estruendo, el periodismo, el de verdad, el que cuestiona y construye, empieza a diluirse. Decir esto no me hace enemigo de los creadores de contenido.

El reto, entonces, no es cerrar puertas ni repartir etiquetas. Es elevar el estándar. En un ecosistema donde todos pueden hablar, la diferencia real está en quién tiene algo que decir y cómo decide decirlo. El periodismo no compite contra los creadores de contenido; compite contra la desinformación, la prisa y la falta de responsabilidad.

Esto no se trata de nostalgia ni de resistencia al cambio. Se trata de entender que informar no es un privilegio, es una responsabilidad. Y cuando esa responsabilidad se toma a la ligera, pierde valor la información, se contamina el debate. De la misma manera termina perdiendo valor el futbol mismo, que necesita de una narrativa seria para sostener su credibilidad.

Porque no basta con estar. No basta con tener acceso, ni con aparecer en el momento exacto. El acceso te puede poner en la cancha, sí, pero también puede evidenciar quién no está preparado para sostener ese lugar. Y ahí es donde la diferencia se vuelve evidente: entre quienes entienden el peso de informar y quienes solo ocupan espacio.

Al final, no se trata de cuántos están hablando, sino de quiénes realmente tienen algo que decir. Porque cuando el criterio se reemplaza por la inmediatez y la responsabilidad por las vistas, el periodismo deja de ser un oficio… y se convierte en ruido. Y en medio de ese ruido, lo verdaderamente peligroso no es que todos puedan hablar, sino que cada vez sea más difícil distinguir a quienes vale la pena escuchar.


Colaboración


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OpiniónPeriodismo

¿Cómo el desempleo afecta nuestra sexualidad?

Al final del día, una economía estable no compra el amor, pero definitivamente crea el ambiente propio para que el deseo florezca sin el peso de la angustia.

Sara María Mendoza G. 30 Abril 2026 09:56
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A menudo pensamos que la sexualidad y la economía son carriles separados. Sin embargo, para nosotros los profesionales de la salud, es evidente que el bienestar financiero es uno de los cimientos del deseo. Cuando la estabilidad laboral se tambalea, la alcoba no tarda en resentirlo.

Para entender la magnitud del problema, debemos mirar los números. En Guatemala, aunque la tasa de desempleo abierto se ha mantenido estadísticamente baja (situándose alrededor del 1.7% al 2.5% en los últimos informes), la realidad es que miles de familias viven bajo la sombra de la incertidumbre. Se estima que más de 133 mil personas se encuentran actualmente en búsqueda activa de empleo sin éxito.

Sin embargo, el reto mayor es la informalidad, que alcanza a más del 70% de la población ocupada. Trabajar sin prestaciones ni seguridad de ingresos es, en sí mismo, un factor de estrés crónico. La pérdida del empleo no es solo un evento financiero; es una herida al autoconcepto. En nuestra cultura, el trabajo está íntimamente ligado a la identidad y a la capacidad de proveer. Cuando el ingreso desaparece, aparece la frustración, un sentimiento que actúa como un anestésico del placer.

El estrés generado por las deudas y la inestabilidad eleva los niveles de cortisol. Esta hormona apaga los sistemas "no esenciales" para la supervivencia inmediata, y lamentablemente, el deseo sexual es el primero en ser sacrificado. Estudios sugieren que tras un año de desempleo, las disfunciones sexuales como la disfunción eréctil en hombres y el deseo sexual hipoactivo en mujeres aumentan significativamente.

La ansiedad por el futuro impide que el cerebro "se dé permiso" de disfrutar.Un hombre o mujer que se siente fracasado profesionalmente suele retraerse emocionalmente, evitando el contacto físico para no enfrentar su propia vulnerabilidad.

Tener un empleo y conservarlo no es solo cuestión de supervivencia; es salud mental y sexual. El trabajo nos otorga una estructura, un propósito y la seguridad necesaria para que el sistema nervioso se relaje y permita el disfrute.

Conservar un empleo requiere disciplina, pero también gratitud. Ver el trabajo como el vehículo que sostiene nuestra paz mental y nuestra vida íntima nos da la fuerza para enfrentar los desafíos diarios.

Al final del día, una economía estable no compra el amor, pero definitivamente crea el ambiente propio para que el deseo florezca sin el peso de la angustia.


 


Sara María Mendoza G.

Experta en sexualidad, derechos sexuales y reproductivos. Médica General, con especialidad en Ginecología y Obstetricia. Tiene una Maestría en Sexualidad Humana.


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OpiniónSexología

Peligroso uso de gas propano

El gas propano es altamente inflamable y por lo mismo, requiere condiciones estrictas de manejo, almacenamiento y transporte debido a los peligros asociados a fugas

Vilma del Rosario Xicará 29 Abril 2026 09:37
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En la ciudad de Quetzaltenango, se utiliza el gas propano en ventas callejeras y restaurantes ubicados en zonas residenciales, esto no es malo, pero existe una preocupación constante para quienes viven en sus alrededores porque no existe una real y verdadera regulación ni supervisión.

También para los ciudadanos es común observar cilindros de gas instalados en calles y avenidas, sin medidas de seguridad adecuadas, sin mantenimiento técnico por parte de las empresas proveedoras ni por las entidades que han autorizado los puestos callejeros, provocando que la población esté expuesta a un alto e inminente riesgo de fugas, incendios y explosiones.

El gas propano es altamente inflamable y por lo mismo, requiere condiciones estrictas de manejo, almacenamiento y transporte debido a los peligros asociados a fugas o mala instalación. No obstante, en el comercio informal de Quetzaltenango, muchos vendedores operan sin conocimientos técnicos ni equipos adecuados, incluso con cilindros en mal estado.

En este marco de ideas, no puede dejarse de lado la Ley de Comercialización de Hidrocarburos y su reglamento, en el cual se contempla que toda actividad relacionada con el expendio de gas debe realizarse en instalaciones autorizadas que cumplan condiciones de seguridad y permitan la inspección por parte del Estado, así como también establece que el Ministerio de Energía y Minas es la entidad responsable de regular, supervisar y fiscalizar su y comercialización.

La norma anteriormente citada exige dispositivos de detección de fugas y condiciones mínimas de seguridad en instalaciones comerciales, así como la obtención de licencias e inspecciones previas para operar sistemas de gas, pero estas disposiciones son obviadas por los propietarios de ventas ambulantes, comercio informal y restaurantes ubicados en áreas residenciales.

La débil fiscalización institucional y la autorización de ventas informales en cualquier lugar facilitan que estas prácticas continúen por lo que es urgente solucionar este problema.


Vilma del Rosario Xicará

Con más de 20 años de experiencia en finanzas, auditoría pública, impuestos y rendición de cuentas. Docente universitaria, Contadora Publica y Auditora, y Dra. en Auditoría Gubernamental y Rendición de Cuentas y Transparencia en la función pública.


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OpiniónGas Propano

180 segundos para no destruir una vida

Necesitamos recuperar algo básico: la capacidad de detenernos. Respirar. Ceder el paso. Ignorar la provocación. Entender que llegar primero no vale más que llegar vivos.

César Pérez Méndez 29 Abril 2026 08:02
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La película 180 en Netflix plantea una idea poderosa: a veces bastan unos segundos para cambiar el rumbo de todo. Una decisión impulsiva, una reacción sin control, una palabra fuera de lugar o un acto de violencia pueden marcar para siempre una historia personal y colectiva.

180 es una película dramática en Netflix que muestra cómo decisiones tomadas en segundos pueden cambiar por completo la vida de una persona.

Lo ocurrido esta semana en Quetzaltenango, donde un video que circula en redes sociales muestra una pelea en la vía pública con participación de hombres y mujeres, evidencia una realidad preocupante: estamos normalizando la pérdida del control. Ya no se discute, se grita. Ya no se dialoga, se agrede. Ya no se piensa, se reacciona.

A esto se suma el reciente caso de intolerancia vial en la ruta al Atlántico, en Gualán, Zacapa, donde dos personas fallecieron tras un enfrentamiento armado. Días antes, otro hecho similar dejó una víctima mortal en El Progreso. Tres vidas apagadas por conflictos que quizá comenzaron con una bocina, una mala maniobra o un gesto ofensivo.

La carretera se ha convertido para algunos en escenario de ego, furia y competencia. Se olvida que manejar también exige madurez emocional. Un vehículo en manos de alguien alterado puede ser tan peligroso como cualquier arma.

Necesitamos recuperar algo básico: la capacidad de detenernos. Respirar. Ceder el paso. Ignorar la provocación. Entender que llegar primero no vale más que llegar vivos. Ninguna discusión en la calle justifica una tragedia.

Tal vez el verdadero mensaje de 180 no sea solo girar el volante, sino girar la actitud. Dar media vuelta al orgullo, al impulso violento y a la intolerancia.

Porque entre reaccionar y pensar hay apenas unos segundos. Y en esos segundos puede salvarse una familia entera.


César Pérez Méndez

Licenciado en Ciencias de la Comunicación (Usac), con tres maestrías en diferentes campos y Doctor en Investigación en Educación (Usac). CEO de La Voz de Xela, profesor universitario y conferencista.


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Opinión180

Mirando al futuro con propósito: estrategia, fe y dirección

Proyectar no significa simplemente continuar, sino evolucionar. Implica tomar decisiones informadas basadas en datos, experiencia y visión de futuro.

Edwin Ibarra 28 Abril 2026 09:17
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En Pausa estratégica: evaluando el camino recorrido, no solo miramos hacia atrás, sino que proyectamos con intención el futuro. Este momento marca la transición entre lo aprendido y lo que está por construirse.

Después de evaluar el camino recorrido, es momento de mirar hacia adelante. La proyección estratégica permite transformar el aprendizaje en acción y preparar el terreno para los meses siguientes.

En la gestión empresarial, la planificación del segundo semestre es crucial para cerrar el año con éxito. Ajustar prioridades, reasignar recursos y definir nuevos objetivos son prácticas recomendadas en esta etapa. Estudios muestran que las organizaciones que planifican de forma flexible logran adaptarse mejor a entornos cambiantes.

Proyectar no significa simplemente continuar, sino evolucionar. Implica tomar decisiones informadas basadas en datos, experiencia y visión de futuro.

Desde la perspectiva espiritual, la planificación también requiere confianza. Proverbios 16:3 enseña: “Encomienda a Jehová tus obras, y tus pensamientos serán afirmados”. Este versículo resalta la importancia de alinear nuestras acciones con un propósito mayor.

El segundo semestre representa una oportunidad para consolidar lo avanzado y corregir lo necesario. Es el momento de fortalecer estrategias, impulsar al equipo y renovar el compromiso con los objetivos.

Al integrar la planificación empresarial con principios espirituales, se construye una visión más sólida y trascendente. De esta manera, el futuro no solo se enfrenta con estrategia, sino también con fe y convicción.


Edwin Ibarra

Médico Especialista en Cardiología y Ecocardiografía. Coach, conferencista y entrenador certificado por el Programa de John Maxwell, Pastor de la Red de Empresarios y Profesionales de Iglesia Bethania Quetzaltenango. Fundador de los Proyectos “Sanando el Corazón” y “Discipulado Empresarial 20/20”.


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OpiniónReflexión

30 segundos frente al espejo

Carol Contreras 27 Abril 2026 17:00
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Hay una conversación interna que sucede durante el tiempo que nos observamos frente al espejo; 30 segundos parece muy poco, para otros será mucho, y para algunos será suficiente para decir acertadamente algunas palabras.

¿Cuánto tiempo dedicas para ti mismo? A veces la rutina de las mañanas se vuelve tan práctica que observamos muy poco. Estas últimas semanas he estado repasando mis notas sobre mis clases de la especialidad de Coaching, con la intención de elegir nuevas herramientas de apoyo para mi trabajo. Tengo ejercicios favoritos como la Rueda de la Vida, objetivos SMART o las técnicas de anclaje, que suelo realizarlas para mí y aplicarlas en algunos talleres. Pero, repasando, encontré una nota sobre los 30 segundos frente al espejo, que se enlazaba a preguntas poderosas que podemos hacernos.

Las mujeres suelen enfocarse en lo que no les gusta, en pulir esos detalles que observan frente al espejo; los hombres son menos complicados y buscan más practicidad. Pero pocas veces se enfocan en lo que no les gusta, por lo que, si somos más intencionales, podemos programar nuestro cerebro y cambiar la actitud para el día, repitiendo frente al espejo palabras, frases o preguntas de mejora.

1. ¿Qué necesito en este momento?
2. ¿Qué versión de mí quiero mostrar hoy?
3. ¿Qué quiero comunicar hoy?
4. ¿Qué es lo que más admiro de mi crecimiento?
5. Soy hija (hijo) de un Dios que me ama.
6. Reconoce tus cualidades en voz alta frente al espejo.
7. Soy bendecida (o).
8. Di en voz alta lo que quieres de este día (quiero ser feliz, quiero más ventas, llegar a mi meta, ofrecer un mejor servicio, etcétera).

Tienes que aprender a hablarte de frente, reconocer tu valor, tus cualidades, tu crecimiento y repetir en voz alta aquello que anhelas, mirándote a los ojos y creyendo firmemente en aquello que deseas lograr.

30 segundos puede ser un ejercicio diario para agregarlo a tu rutina, con intención, estrategia y convicción de hacer cambios para mejorar tu estilo de vida. Enfócate positivamente, obsérvate y da un mejor trato al reflejo que está frente al espejo. Recuerda que, en los pequeños detalles, está el poder de tu imagen.


Carol Contreras

Coach de Imagen


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Xelajú, a un paso de ir a la Copa Centroamericana

Estas son las posibilidades para que los Superchivos estén de nuevo en esta instancia centroamericana.

Hugo Siliezar López 27 Abril 2026 09:50
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Anteriormente eran tres plazas asignadas por Concacaf para equipos de Guatemala; ahora que Xelajú MC llegó a la final de la Copa Centroamericana, se generó una plaza adicional. Es decir, ahora son cuatro las invitaciones por el país a esta fiesta del fútbol del istmo.

Estas son las posibilidades para que los Superchivos estén de nuevo en esta instancia centroamericana:

1. Si los Chivos llegan a la final, no importa si son campeones o subcampeones, tienen asegurado el pase, junto con su rival en turno, así como el campeón del Apertura 2025, Antigua GFC, y el subcampeón del Apertura 2025, Municipal. Ellos serían los cuatro representantes de Guatemala, siempre y cuando no sea Antigua o Municipal el finalista junto con los Chivos. De ser así, la cuarta plaza sería para Mixco, por mejores puntos acumulados en la tabla.

2. Si por cualquier circunstancia el equipo lanudo queda eliminado en cuartos de final o semifinales, su única esperanza es que se repita una final Municipal–Antigua. Entonces, los clasificados serían los finalistas del Apertura 2025 y los dos mejores equipos en la tabla acumulada. En este caso, la plaza número tres sería para Mixco y la cuarta para Xelajú MC.

3. O, en dado caso, haya otra coincidencia, como que Mixco llegue a la final del Clausura contra Antigua o Municipal, entonces se tomaría a ellos tres y al mejor clasificado en el acumulado detrás de ellos (Antigua o Municipal). En ese escenario, la cuarta plaza sería para Xelajú MC.

El equipo vive una de sus mejores épocas financieras y futbolísticas, lo cual se refleja en el actual torneo, donde terminó como líder. Ya habían existido otras tres oportunidades en los últimos 25 años en torneos cortos: en 2010 terminaron en primer lugar con el director técnico Jorge Esposito “El Pampa”, en esa ocasión con 39 puntos. La segunda fue con el costarricense Hernán Medford en 2015, con 41 puntos (el puntaje más alto). La tercera fue cuando se conquistó el Séptimo Título de los Chivos con Amarini Villatoro, con 30 puntos, siendo el único liderato que logró en siete torneos cortos.

Ahora, con el “Comandante” Roberto Hernández, se logra por cuarta vez el liderato del torneo en su fase de clasificación, con 39 puntos. Sin embargo, el líder no siempre termina siendo campeón en la mayoría de las ocasiones. Ojalá los Chivos lleguen con paso firme, a pesar de las bajas por lesión y los tres jugadores separados en las últimas semanas, como el tico Derickson Quirós, el ecuatoriano Orlin Quiñónez y el nacional Gerardo Gordillo. A esto se suman las lesiones del arquero Rubén Darío Silva, quien sufrió ruptura del tendón de Aquiles, y la de Claudio Andrés de Oliveira, sumando cinco bajas para la serie final. Además, habrá que ver la evolución de las lesiones del partido de ayer contra Cobán, de Harim Quezada y Elmer Cardoza. En síntesis, el equipo está con menos hombres en comparación con el Torneo de Apertura pasado, que finalizó en diciembre de 2025.


Hugo Siliezar López


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