Algo pesado corría sobre el techo de la casa (cuento)
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Guiada por su intuición, Lupita decidió volver al pueblo donde una vez fue niña. Tenía la corazonada de que para liberarse, ahora de adulta, de la persecución del Güin, debía confrontarlo cara a cara. Resolvió hacerlo porque tres veces un sueño recurrente la atormentó en noches imprevisibles. En ese mundo onírico, revivía la madrugada del velorio de su abuela. Tenía apenas cuatro años y su madre la acostó en la cama de la habitación donde, horas antes, la pariente que ahora le parecía tan lejana había dejado el plano terrenal. A un lado, en la sala, un grupo de señoras rezaban un rosario de cuerpo presente que poco a poco la sumió en un húmedo letargo. Ya estando en el estado de duermevela, entre la vigilia y el sueño, un extraño animal levantó la lámina de zinc del cuarto y la observó con sus ojos enormes.
La intuición no era nada nuevo para ella; era, en realidad, su fiel compañera de vida. Como psicoterapeuta, se había inclinado al estudio de la metafísica como una terapia personal y de autoconocimiento para tratar los dolores emocionales de sus pacientes. Confiaba en su intuición más que en lo aprendido en las aulas, incluso más de lo que había aprendido leyendo a Freud, a Jung y a Adler. Sin necesidad de ver el reloj, su intuición le dictaba la hora exacta del día, sabía de qué iba a tratar esa llamada que entraba entre sesiones, cuál era el diagnóstico de su paciente, cuál su dolor espiritual y cuál el tratamiento, todo sin necesidad de usar el intelecto.
Sí, era apenas una niña cuando el Güin se le apareció. Recordaba ese mes de marzo. Su madre la sacó de la escuela entre llantos, jalandola del brazo y gritando: ≪¡Está muerta, está muerta, tu abuela está muerta!≫. Luego, tenía imágenes del trayecto en el bus de parrilla; de su madre dándole un manojo de flores para que las pusiera en sus rodillas mientras emprendían el viaje a la costa sur de Guatemala.
Cuando llegaron al pueblo, que sólo visitaban para la noche de Nochevieja, los familiares y conocidos ya estaban reunidos envueltos en el sopor del velorio. Recordaba las calles de tierra, el centro del poblado donde se vendían huevos de iguana, el tanque de agua donde las señoras lavaban, y a su par, la gran casa de madera de su abuela, el cuerpo en el féretro, las enormes velas de muerto que intensificaban los calores nocturnos y humanos, y la gigantesca carpa instalada en la calle donde las sillas se amontonaban, sin ningún orden específico, esperando más dolientes.
Fue también la primera vez que, quizá, su intuición la visitó, porque mientras la oscuridad avanzaba, supo que el velorio no terminaría pronto y que toda esa gente amanecería allí contando anécdotas y chistes sobre la fallecida hasta que fuera hora de irse al camposanto. Fue entonces cuando le dijo a su madre que estaba cansada, y ella la acomodó en la cama donde su abuela había fallecido esa misma mañana de marzo. La niña se quedó medio dormida, protegida por un mosquitero, mientras sudaba la mala hora previa a su desgracia.
Cuando empezó a entrar en el estado de duermevela, sucedió:
Escuchó cómo algo pesado corría, a gran velocidad, sobre el techo de la casa. Era muy rápido, en verdad era veloz y pesado. Al abrir los ojos, descubrió cómo las láminas se doblaban por la gravedad de lo que sucedía arriba. Era un sonido que, supo, no era de este mundo, porque le provocaba una sensación extraña de no pertenecer, por un momento, a la realidad. La presencia de esa cosa era tan fuerte que pensó que caería en la habitación. Pero, al contrario, hubo un silencio pasajero que la estremeció antes de la fatalidad: a los pocos segundos, una mano peluda, de humano pero con garras de perro, levantó la lámina aflojando los clavos de la madera donde se sostenía, y vio a un perro grande, viejo y babeante, mirándola con sus ojos rojos y puntiagudos mientras le ofrecía una sonrisa gigantesca que dejaba ver sus colmillos.
Lupita salió corriendo del cuarto y, al pasar, volcó una candela. Las rezadoras parecían ajenas a lo que había ocurrido hasta cuando ya estaba sucediendo lo fatal. El vestido de encaje que llevaba pronto agarró las llamas, y su cuerpo se vio envuelto en fuego, quemándole la pierna derecha y dejándole una cicatriz para siempre, un morado que creció con ella, hasta ahora, en el año de sus 33 años.
≪¡Me asustó!≫, gritaba entre el fuego. ≪¡Me asustó!, ¡hay un animal en ese cuarto!≫, decía, mientras las rezadoras intentaban quitarle el vestido e iban corriendo por agua al tanque público al lado de la casa.
Si algo recordaba muy bien, ahora que regresaba al pueblo, era la certeza de que una quemadura duele más cuando sucede en la costa. Se había quemado muchas veces en la vida, pero ninguna le dolió tanto como aquella noche y en los días siguientes, durante las novenas, cuando tenía que meter la pierna al tanque para sentir un poco de alivio.
Aún no había amanecido cuando le aplicaron ungüento, y esta vez su madre decidió acompañarla en la cama para que pudiera dormir unos momentos. Sin embargo, no pudo. El ardor era insoportable. Observaba entre las ranuras de las tablas de las paredes de madera a los hombres del velorio, sentados en las sillas, con las camisetas levantadas sobre el ombligo, abanicándose y tomando cerveza. ≪Se le apareció el Güin a la pequeña≫, decía uno.
Y fue esa misma madrugada, en la que la pasó asustada y delirante por el dolor que escuchó la historia entre las conversaciones de los señores, que a cualquiera le hubieran parecido murmullos, a todos, menos a ella:
—El Güin es un hombre malo que tiene la capacidad de convertirse en perro a voluntad. Se sube a los techos de las casas para causar alboroto y se roba a las gallinas.
Escuchó que había que atraparlo y azotarlo para que dejara de hacer alboroto; escuchó, también, que una vez castigado se convertía en hombre y salía huyendo, aunque siempre regresaba por temporadas.
Aquel pasaje de su infancia desapareció en de su vida, hasta cuando, exhausta después de atender a su último paciente un viernes por la noche, regresó a su casa en la ciudad y se quedó profundamente dormida en el sillón mientras veía una película. Ese episodio de sus cuatro años, volvió en sueños por tres veces.
Los ojos estaban presentes, imborrables cada noche en los que el proceso de alienación se instauró en su alma, hasta hacerle perder la virtud de estar en medio de las coordenadas de la tierra. Dejó de atender en el consultorio una semana antes de haber esperando a que llegara la genuina inspiración de la intuición. A que le dictara lo que debía hacer, y de hecho, fue su fe en ella la que le dijo que debía regresar al pueblo donde una vez fue niña, al cual no había vuelto desde hace una década, cuando su madre falleció. Regresaría a la vieja casa de su abuela que recibió como herencia, y dormir en la misma cama, que seguramente permanecía intacta, encapsulando el tiempo de otras eras, para intentar, por fin, quedarse dormida y, en medio del estado de duermevela, volver a tener contacto con él.
Pero, en efecto, ya era otro tiempo y otro pueblo. Las casas de madera y lámina se habían cambiado por casas de block con terraza, y en lugar de tiendas y cantinas alumbradas al anochecer con velas y focos amarillos, ahora había locales de ventas de cosas pirateadas, ropa americana y artículos de plástico que la alejaban del recuerdo nostálgico de su infancia. Pero había algo extraño, demasiado extraño: los locales, aunque abiertos, estaban vacíos. Las calles estaban vacías, y un maldito aroma le recordaba la presencia de la muerte, ese olor que sus pacientes suicidas llevaban cuando ambos sabían que sería la última vez que se verían, y que la terapia no había funcionado, no porque su intuición fallara, sino porque en verdad ya no había nada que hacer.
Recorrió las mismas calles hasta llegar al centro de la ciudad, donde las luces de neón de feria de dos o tres casetas esperaban a sus dueños como si aquello fuera un pueblo fantasma. Tenía sed, pero nadie servía la horchata; tenía calor, y la humedad de las cuatro de la tarde le golpeaba la cara con un tierno beso que la envolvía en el sudor de una aventura que le parecía extraña. ≪Seguiré soñando≫, dijo, pero el golpe de la realidad activó el mecanismo de su consciencia cuando apareció un grupo de niños descalzos saliendo de entre las champas improvisadas del mercado municipal, corriendo y tratando de desenredar una soga. ≪Apresurémonos≫, dijo uno de ellos, y ella corrió tras ellos para preguntarles dónde estaban los demás.
—Es que lo agarraron —dijo otro—, agarraron al ladrón de gallinas.
—Lo quieren amarrar a un poste en el campo de fútbol —gritó a la distancia el más pequeño.
Lupita supo entonces que el encuentro estaba cerca. No se había equivocado: algo estaba ocurriendo en este pueblo, y ella había regresado para rendir cuentas, para saber, por fin, y conocer la forma humana de quien la llamaba en sueños.
Persiguió a los niños hasta llegar al campo de fútbol, y encontró a la multitud en círculo y en el centro reconoció una figura humana demacrada, golpeada, y con la boca empapada en sangre, pidiendo perdón.
El bullicio era ensordecedor, pero se distinguían las constantes palabras ≪ladrón, ladrón, ladrón≫. Mientras Lupita se abría paso entre la multitud, sintió cómo la mirada de alguien conocido se posaba en ella.
Lupita avanzaba entre la muchedumbre con firmeza, sintiendo que cada paso la acercaba no solo a su destino físico, sino a una culminación inevitable. Algo en su interior parecía estar ajustando cuentas, y gracias a sus estudios de metafísica, comprendía que el universo estaba alineándose justo para este momento.
Al llegar al frente de la multitud, lo vio. No hubo dudas en ella. Estaba sentado y hundido en las alucinaciones de sus golpes. Aquellos ojos inyectados en sangre eran los mismos que la miraron cuando era una niña. Lupita se sintió libre, inspirada, completamente humana. Con voz clara y firme, señaló: ≪Él fue... él fue...≫, mientras se bajaba el pantalón beige, mostrando la quemadura que aún marcaba su piel. ≪Hay que prenderle fuego por lo que me hizo≫, sentenció.
La turba, como movida por el instinto primitivo, desechó la idea de amarrarlo a un poste y roció gasolina sobre el hombre. Uno de los ancianos, con su autoridad sobre las cosas del pueblo, fue quien le prendió fuego con un mechero. El ladrón, envuelto en llamas, corrió por todo el campo de fútbol, gritando de dolor, tratando con fuerza humana, pero también sin esperanza, arrancar su carne mientras su cuerpo ardía. Los minutos transcurrieron lentamente, hasta que su figura, envuelta en el umbral entre lo vivo y lo muerto, colapsó en el centro del campo. Lo que quedó de él no era más que un pedazo de carbón. El olor le recordó a Lupita el de su propio vestido quemado tantos años atrás.
La multitud se dispersó sin hacerle preguntas, como si el acto de justicia fuera tan natural que no necesita explicación. Nadie parecía reconocerla, y ella ya no conocía a nadie. Sintiéndose invadida por la nostalgia, decidió regresar a la casa de su abuela.
En una banqueta, una vecina anciana, flaca y encorvada estaba sentada recibiendo el último rayo de sol del día. La última vez que Lupita la vio, era una señora de apenas 50 años muy gorda. Fue la única que la reconoció:
—Vaya, que vino a ver su casita —dijo la mujer, mientras la noche empezaba a caer—. Hoy quemaron a un loco.
—Lo sé, lo fui a ver. Me hizo tanto daño —respondió Lupita.
—¿Acaso lo conocía?
—Demasiado bien —dijo entre un suspiro aliviado.
Exhausta, entró en la casa y descubrió que todo seguía igual. Las fotos familiares, los recuerdos de viajes a la costa, el calor envolvente de tiempos pasados y sobre todo la lámina abollada del cuarto de su abuela, y la cama en la que cayó rendida, finalmente libre del espasmo de su infancia. Mientras se estaba quedando dormida, algo pesado comenzó a correr sobre las láminas del techo. Atemorizada, Lupita se cubrió la cara con las sábanas, incapaz de reunir el valor para mirar.
Al día siguiente, con la luz del amanecer, decidió ir al tanque público a lavarse la cara. Allí, vio una colonia de gatos paseando por el lugar y bebiendo del tanque. La vecina se le acercó y le dijo:
—Vaya, que vino a ver su casita, tengo muchas cosas que decirle. Sus láminas ya están muy viejas, es por los gatos. Pasan por el tejado para venir a tomar agua al tanque.
De pronto, todo cobró sentido. A Lupita nunca se le apareció Güin cuando era niña. Lo que vio fue un gato que transitaba por el tejado para llegar al tanque. Su mente infantil, escuchando las historias de los hombres sobre el Güin, transformó al inocente gato que la vio asustado entre las grietas en el monstruo que la aterrorizó durante los sueños.
Pero lo más cruel fue darse cuenta de que aquel ladrón de gallinas, castigado, pero que quizá no merecía morir, había sido quemado vivo por su culpa. La cicatriz que ella mostró no había sido infligida por él, sino por una historia que, ahora lo entendía, su mente de niña había malinterpretado. Entendió que su abuela estaba muerta, su madre estaba muerta, sencillamente muertas, y que los tres sueños, solo habían sido eso, sueños.
Comprendió, entre su desdicha, que su intuición la había traicionado.
SEGUNDO LUGAR EN CUENTO CORTO, CERTAMEN DE LITERATURA, ARTE Y CULTURA GUATEPAZ 2024.
José J. Guzmán
José J. Guzmán (Quetzaltenango, 1993). Licenciado en Comunicación Social. Más de 10 años de experiencia en medios de comunicación. Tiene un libro de poemas publicados: “La Escena Absoluta” (2012).
OpiniónLiteratura
Derechos, Justicia y Acción: El Imperativo del 8M en Guatemala
La razón es cruda: según los últimos informes globales, al ritmo actual, el mundo tardará 123 años en alcanzar la paridad de género.
El 8 de marzo, se evalúa cuánto hemos avanzado hacia la igualdad. Sin embargo, para este 2026, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) ha propuesto un lema: “Derechos. Justicia. Acción. Para TODAS las mujeres y niñas”.
¿Por qué este énfasis? La razón es cruda: según los últimos informes globales, al ritmo actual, el mundo tardará 123 años en alcanzar la paridad de género. La ONU propone este título porque hemos entendido que tener derechos escritos en papel no sirve de nada si los sistemas de justicia no funcionan. No basta con que una ley diga que somos iguales; se necesita justicia para que los agresores no queden impunes y acción para que el presupuesto público llegue a la mujer rural, a la joven profesional y a la niña que sueña con estudiar.
En nuestra región, el panorama es desafiante. América Latina sigue siendo una de las zonas más peligrosas para ser mujer; solo en los últimos cinco años se han registrado más de 19 mil feminicidios. Además, la autonomía económica es una asignatura pendiente: el 25% de las latinoamericanas no cuentan con ingresos propios, frente a solo un 10% de los hombres. Esta brecha no es falta de capacidad, es falta de oportunidades.
Guatemala es un país de mujeres jóvenes (el 58% tiene menos de 30 años), pero esa juventud enfrenta barreras estructurales. En lo que va del 2025 y principios de 2026, la tasa de violencia homicida contra mujeres se mantiene cerca de 4.1 por cada 100 mil habitantes. Aunque las mujeres representamos el 54% del padrón electoral, nuestra participación en puestos de toma de decisiones reales sigue siendo limitada. La justicia en Guatemala sigue teniendo una deuda histórica: la impunidad en delitos contra la mujer supera el 90%, lo que convierte el lema de la ONU en un grito de auxilio para nuestro sistema judicial.
Como especialista en salud, no puedo ignorar que la justicia también empieza por el propio cuerpo. En Guatemala, la salud sexual y reproductiva sigue siendo un privilegio y no un derecho universal. En 2025, se reportaron recortes presupuestarios que dejaron a más de 450 mil mujeres sin atención en salud materna, afectando principalmente a comunidades rurales e indígenas.
Este Día Internacional de la Mujer no es para felicitar por "ser flores", es para exigir justicia por las que ya no están y acción por las que vienen. Necesitamos un Estado que invierta en nosotras, no por caridad, sino por justicia elemental. Porque cuando una mujer avanza, Guatemala camina con ella.
Sara María Mendoza G.
Experta en sexualidad, derechos sexuales y reproductivos. Médica General, con especialidad en Ginecología y Obstetricia. Tiene una Maestría en Sexualidad Humana.
OpiniónDía Internacional de la Mujer
El fin justifica los medios. Parte II
Reitero la frase: “El fin justifica los medios”, que casi siempre choca con principios preestablecidos y elementales de sana convivencia, en el caso que nos ocupa —elección de funcionarios públicos— jamás debe dejarse de observar lo que dice la Constitución Política de la República, artículo 113: capacidad, idoneidad y honradez, valores mínimos que debe tener toda persona que quiera optar a un cargo público.
Pero lo visto en estos días es despreciable; el corrupto perdió toda dimensión de dignidad, entonces ya no tiene nada que perder, hace hasta lo imposible por mantenerse allí —puesto público con altos salarios, lujos, carros, casas, etc. Por ejemplo, la señora que trabaja en Gerona intentó por todos los medios arroparse de inmunidad “solicitando trabajo” para magistrada en la Corte de Constitucionalidad”; no lo logró; en este caso, gracias a Dios, su fin justifica los medios, no le funcionó. Le queda un último cartucho —reelección como fiscal general y jefe del MP—, pero este cartucho está mojado y no le funcionará. Señora de las más de cuatro décadas, vaya preparándose para lo que jamás pensó que le iba a suceder: rechazo total —comunal, nacional e internacional— de la población por sus acciones perversas en contra del pueblo, ese pueblo que no reconoce a un tal fiscal que vocifera ser su fiscal. ¡Señora, el pueblo ya se hartó de usted!
Señora, podrá tener todo lo material, menos paz espiritual, es decir, ese estado profundo de tranquilidad, ese equilibrio emocional y esa serenidad que provoca no tener necesidad de una docena de guaruras, sino salir con toda la confianza y tranquilidad para respirar aire fresco y puro por nuestras calles, aunque polvorientas y empedradas, pero caminar erguidos y con la frente en alto no tiene precio y eso, usted no lo puede disfrutar. Señora, prepárese, porque la justicia del Ser Supremo la espera; mientras eso llega, le recomiendo leer el libro de Proverbios 6:15 y 21:7, entre otros. Amén.
El fin justifica los medios, el señor Roberto Molina Barreto, quien lleva varios años sumergido en el mundo de la justicia injusta, en 2006 inició como Procurador General de la Nación —nombrado por Berger—; ese mismo año fue nombrado magistrado de la Corte de Constitucionalidad hasta nuestros días, a excepción de 2016 a 2020 porque quiso ser vicepresidente de la República junto a Zury Ríos. Más de quince años procurando impunidad para sus patrocinados, más de veinte años trabajando para los suyos —pacto de corruptos—, sus decisiones han sido perjudiciales para la paz y el desarrollo de Guatemala, mantuvo en reserva el caso contra Joviel Acevedo y por convenir a su interés, hasta hace unas horas ratificó la sanción económica contra este líder magisterial; precisamente, convirtió o consolidó a la alta corte —CC— como un medio para justificar acciones que favorecen al Pacto de corruptos con resoluciones inconstitucionales.
Hoy por hoy, la Corte de Constitucionalidad ha perdido su esencia; lejos de ser un tribunal cuya función primordial es defender la constitución política sobre cualquier ley o disposición, procura impunidad. Cuando le es conveniente a sus patrocinados, resuelve en un parpadeo, pero, cuando se trata del pueblo, engaveta las peticiones, los amparos, etc. El caso más paradigmático es lo presentado por la organización ancestral de los 48 Cantones el 13 de septiembre de 2025, relacionado con la inconstitucionalidad del delito de terrorismo. Han pasado exactamente 173 días y la CC de Roberto Molina Barreto no ha dicho absolutamente nada, mientras las exautoridades que defendieron la voluntad del pueblo en el 2023 llevan más de 317 días privados de su libertad injustamente.
Ayer, precisamente, usted, como Corte de Constitucionalidad, obligó a los diputados a sesionar hoy, para que lo elijan —a usted—, para un período más en la Corte de Constitucionalidad. Señor Barreto Molina, usted ya lo perdió todo, no tiene dignidad; por favor, hágase a un lado, el pueblo necesita paz.
Arnoldo Soch Tzul
Contador Público y Auditor, asesor financiero y fiscal de pequeñas y microempresas, exalcalde comunitario, auditor social desde hace más de 25 años.
Día de la Mujer, un llamado a la salud mental
La violencia física, emocional, económica, de género, entre otras, también tiene un impacto en la salud mental de la mujer teniendo como consecuencias daño y secuelas.
En la conmemoración del Día de la Mujer que se celebra el 8 de marzo de cada año, es el constante recuerdo de la lucha de las mujeres por la equidad de género y su participación en la sociedad y el desarrollo íntegro como persona.
Es una fecha de constante felicitación a las mujeres; pero más allá de los regalos, las flores, los chocolates y los mensajes, es una oportunidad para reflexionar sobre la realidad que afrontan las mujeres a diario desde el punto de vista social, emocional y psicológico.
Desde la psicología, se reconoce que las mujeres frecuentemente son expuestas a las presiones sociales por tener que cumplir estándares de belleza, equilibrar su vida profesional y familiar, asumir roles de cuidado, enfrentar violencia de género, y en cierto modo competir con el género masculino para demostrar que no le falta fuerza y que tiene las mismas capacidades de realizar ciertos trabajos.
A raíz de tener que afrontar estas presiones sociales; muchas mujeres deben demostrar que son fuertes, comprensivas y resilientes, creando una expectativa de perfección normalizando la imagen de personas que se deben sacrificar por los demás y minimizar sus prioridades. En este punto, el derecho a expresar sus emociones, convierte a la mujer en vulnerable y la imagen de que no aguanta nada, minimizando su salud mental. Todo esto genera estrés, ansiedad, culpabilidad y agotamiento emocional.
Desde niñas, reciben mensajes que condicionan su conducta y afectan la construcción de su identidad, sobre todo en contextos culturales donde la mujer vive en un entorno donde es criticada y donde no se valora su espacio y su autoestima. Las críticas sobre cómo se deben comportar, qué deben hacer y cómo deben lucir, puede afectar su identidad.
La violencia física, emocional, económica, de género, entre otras... también tiene un impacto en la salud mental de la mujer teniendo como consecuencias daño y secuelas severas de depresión, miedo, ansiedad, baja autoestima y dificultad para establecer relaciones saludables. Es por eso que esta fecha es un espacio importante para promover el apoyo entre mujeres, el acceso a salud y tratamiento emocional. También significa reconocer la equidad y ofrecerle espacios de salud mental.
Crysta Nowell
Psicóloga Industrial / Organizacional, Magíster en Gestión del Talento Humano, asesora en procesos de recursos humanos, capacitadora y especialista en reclutamiento y selección de personal.
OpiniónDía Internacional de la Mujer
El sentido de hacer un podcast
En mis entrevistas busco algo simple, pero poderoso: que las historias de otros nos ayuden a pensar mejor nuestra propia vida.
Hacer un podcast no es solo hablar. Tampoco es únicamente generar conversación. Para mí, un podcast es un espacio para aportar, construir ideas y dar significado a las experiencias humanas. Es un ejercicio de comunicación que busca influir positivamente en los demás a partir de historias reales, reflexiones profundas y vivencias que dejan aprendizaje.
En un tiempo donde abundan las palabras, lo valioso es lo que esas palabras provocan. Un buen podcast no se queda en la superficie; intenta ir más allá, explorar pensamientos, descubrir motivaciones y encontrar sentido en las trayectorias de vida. El objetivo no es únicamente llamar la atención, sino provocar algo en quienes escuchan o ven: una idea nueva, una pregunta, una inspiración.
Por eso hago este espacio y por eso invito a personas con historia, experiencia y algo que decir.
Los próximos dos episodios de La Entrevista con César Pérez Méndez estarán dedicados a dos amigos y profesionales destacados, cada uno con un camino propio que vale la pena conocer.
El próximo martes se estrenará la conversación con Oseas Ochoa Cuéllar, colega comunicador que hoy se ha convertido en estratega, mentor de empresarios y creador de ecosistemas de prosperidad. Compartirá una idea disruptiva: cómo decidió alejarse de la vida que parecía destinada para él, la de pescador, para construir la vida que consideraba posible.
La siguiente semana conversaré con el cirujano dentista Guillermo Antonio Martini Galindo, un hombre de familia que ha sabido honrar y continuar un legado reconocido en Xela. Hablaremos de la relación profunda entre padre e hijo y de cómo esa herencia ahora se proyecta en las nuevas generaciones.
Son episodios que valdrá la pena ver y escuchar.
Los espero cada martes a las 19:00 horas en La Voz de Xela.
Porque en mis entrevistas busco algo simple, pero poderoso: que las historias de otros nos ayuden a pensar mejor nuestra propia vida.
César Pérez Méndez
Licenciado en Ciencias de la Comunicación (Usac), con tres maestrías en diferentes campos y Doctor en Investigación en Educación (Usac). CEO de La Voz de Xela, profesor universitario y conferencista.
OpiniónPodcast
Contabilización del anticipo sobre ventas
Debe llevarse un control riguroso que permita que los estados financieros sean claros y cuenten con documentación fiscal formal para cumplir con la normativa aplicable.
En Guatemala, los anticipos sobre ventas representan pagos recibidos de clientes antes de la entrega de bienes o la prestación de servicios. Contablemente, estos anticipos no se reconocen como ingresos definitivos, sino como obligación con los clientes hasta el momento en que se cumpla con la entrega del bien o servicio.
Desde el punto de vista fiscal, la Ley del Impuesto al Valor Agregado (IVA), establecida en el Decreto 27-92, indica que el impuesto se causa en el momento en que se genera el hecho imponible de la operación. En la práctica tributaria guatemalteca, los anticipos no dan lugar a la expedición de la factura de venta definitiva al momento de recibir el pago, sino que la SAT ha emitido criterios que recomiendan emitir un documento electrónico de anticipo y, posteriormente, la factura final al efectuarse la prestación del servicio o la entrega del bien.
En cuanto al cobro de anticipos, debe tenerse sumo cuidado en contabilizar de manera cronológica para que los registros reflejen la realidad económica de la empresa; en caso contrario, pueden surgir problemas comunes cuando algunas empresas solicitan anticipos en efectivo y no los contabilizan formalmente, emitiendo recibos informales en lugar de documentos fiscales válidos. Esta práctica contradice los requerimientos de la SAT y genera riesgos de fiscalización, multas y sanciones, debido a que los ingresos no quedan debidamente respaldados ni reportados en los libros contables o declaraciones de impuestos.
En conclusión, debe llevarse un control riguroso que permita que los estados financieros sean claros y cuenten con documentación fiscal formal para cumplir con la normativa aplicable. Esto evitará posibles ajustes por no registrar adecuadamente los anticipos o preventas, que significan efectivo recibido y que, en contabilidad, se convierte en una obligación hasta que llegue el momento de entregar el bien o servicio.
Vilma del Rosario Xicará
Con más de 20 años de experiencia en finanzas, auditoría pública, impuestos y rendición de cuentas. Docente universitaria, Contadora Publica y Auditora, y Dra. en Auditoría Gubernamental y Rendición de Cuentas y Transparencia en la función pública.
OpiniónContabilidad
El comienzo del juicio, la verdad en silencio
Cada paso hacia la cruz era un acto de amor voluntario. Aún hoy, su verdad sigue invitándonos a escuchar, creer y confiar, incluso cuando el mundo parece rechazarla.
Quiero invitarlos a acompañarme en este mes de marzo a un viaje de espiritualidad, con artículos relacionados a un evento histórico, profético y de trascendencia eterna para todo ser humano. Iniciamos.
El proceso contra Jesús comenzó en medio de la noche, con acusaciones apresuradas y corazones endurecidos. Fue llevado ante las autoridades religiosas y luego ante Poncio Pilato, no porque hubiera cometido delito, sino porque su amor confrontaba la injusticia.
A pesar de las falsas acusaciones, Él respondió con una serenidad que conmovía. No defendió su inocencia con enojo; defendió la verdad con mansedumbre.
“Mi reino no es de este mundo… Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo, para dar testimonio a la verdad.” (Juan 18:36-37)
En aquel juicio no solo se evaluaba a un hombre; la humanidad estaba decidiendo qué hacer con el Hijo de Dios. El silencio de Cristo no fue debilidad, fue obediencia.
Él sabía que el camino del sufrimiento era también el camino de la redención. Aun cuando parecía que la injusticia avanzaba, Dios estaba guiando cada momento hacia el cumplimiento de su propósito eterno.
Cada paso hacia la cruz era un acto de amor voluntario. Aún hoy, su verdad sigue invitándonos a escuchar, creer y confiar, incluso cuando el mundo parece rechazarla.
Dejo acá estas preguntas para reflexión:
¿Cómo reacciono cuando debo defender la verdad en medio de la oposición? ¿Estoy dispuesto a confiar en Dios aun cuando no entiendo lo que ocurre?
Edwin Ibarra
Médico Especialista en Cardiología y Ecocardiografía. Coach, conferencista y entrenador certificado por el Programa de John Maxwell, Pastor de la Red de Empresarios y Profesionales de Iglesia Bethania Quetzaltenango. Fundador de los Proyectos “Sanando el Corazón” y “Discipulado Empresarial 20/20”.
OpiniónReflexión
Lo que el cerebro lee en silencio
La comunicación no empieza cuando hablamos, sino cuando aparecemos. Sin decir una sola palabra, el cerebro de quienes nos rodean ya está interpretando muchos mensajes. Recientemente, en una charla de neurociencia sobre liderazgo, la coach enfatizaba la importancia de la presencia que damos ante una sala de reuniones, un evento, trabajo u otros ambientes sociales.
Les comparto 3 señales que el cerebro lee en silencio y que puedes utilizar a tu favor.
1. Postura abierta: proyecta seguridad, presencia y disposición. Si la postura es rígida, hombros caídos y espalda encogida, las señales que se transmiten son de duda, cansancio y amenaza. Recomendación: respira profundamente antes de ingresar a un lugar, camina con la cabeza alineada y vista al frente.
2. Imagen profesional: las prendas no hablan, pero sí comunican visualmente, generando una primera impresión. La calidad de las prendas, el detalle y cuidado de ellas dicen mucho de ti; los colores y texturas también comunican. No se trata de cantidad, sino de calidad. El cerebro lee el orden, la limpieza, el cuidado personal, la formalidad y profesionalismo. También se interpreta la falta de detalle, el descuido; por lo tanto, se busca coherencia.
3. Gestos y energía: las manos marcan un ritmo de movimiento, el nivel de calma que tienes ante una presentación. Cuando los movimientos son bruscos o excesivos, aumenta el ruido visual. La calma proyecta autoridad; la prisa, ansiedad. Gesticula coherentemente, realiza pausas naturales.
Todo se puede mejorar con intención, estrategia, constancia y voluntad. Recuerda que en los pequeños detalles está el poder de tu imagen.
Carol Contreras
Coach de Imagen
Rumiación mental y emocional
Qué fácil sería la vida si le pusiéramos más atención al tiempo presente y no tanto al pasado o al futuro. Considero que se requiere de mucha fuerza de voluntad para aprender a vivir en el presente y no vivir anclado a dos tiempos: el pasado y el futuro.
Un buen número de hombres y mujeres caminamos aquí y ahora con un montón de situaciones que ya pasaron, pero que no somos capaces de soltarlas y dejarlas atrás. Mientras no se tome la decisión de “dejar” atrás lo que ya pasó, difícilmente disfrutaremos lo que tenemos que hacer todos los días en el tiempo presente.
Caminar por muchos años con esa cantidad de situaciones no resueltas nos enferma y la salud se ve afectada. Todos tenemos situaciones no resueltas en el camino de la vida. Para “dejarlas” atrás se requiere de coraje y valentía, puesto que muchos de nosotros nos hemos acostumbrado a caminar con ellas, y nos duele “soltar” toda esa basura que llevamos dentro.
Los años pasan y, cuando sentimos, la vida se nos ha ido y nunca fuimos capaces de dejar ir lo que nos estorbaba en la vida. Y algunos dan ese paso entre esta vida y la otra vida sin haber resuelto lo que les hacía daño. ¿Qué le hace daño? ¿Cuáles son esas situaciones no resueltas en su vida? Tome conciencia de lo que le enferma y comience un proceso de desintoxicación.
Hay que desintoxicarse de lo que nos afecte. No es nada fácil tomar esta decisión, pero es posible comenzar ese proceso de desintoxicación mental y emocional. Para desintoxicar la mente y el corazón es necesario buscar apoyo en fuentes sanas. Para quienes somos cristianos, la oración es una fuente en donde yo me encuentro con un Jesús que quiere darme siempre de esa agua viva que da vida. Hablar con Dios nos da paz y tranquilidad.
Para una buena desintoxicación mental y emocional hay que acudir a psicoterapia. Un proceso psicoterapéutico nos va a permitir sacar toda esa basura mental y emocional que llevamos dentro. El día que uno tenga el coraje de sacar y tirar ese montón de basura acumulada dentro, ese día habrá comenzado una verdadera metamorfosis en nuestra vida.
Para desintoxicarnos mental y emocionalmente, además de orar y buscar ayuda psicológica, es necesario implementar en nuestra vida una buena lectura, un poco de musicoterapia, momentos de recreación y aprender a disfrutar el presente. La rumiación mental, es decir, el pensar obsesivamente una y otra vez, cansa y embrutece. Cuando una preocupación o un error se mastica muchas veces, se convierte en trastorno, y un trastorno enferma.
Cuando nuestra atención se queda “enganchada” en una preocupación o un error, aparece inmediatamente el estrés y el estrés se convierte en ansiedad.
“En aquellos días, dijo el Señor a Abram: deja tu país, a tu parentela y a la casa de tu padre, para ir a la tierra que yo te mostraré” (Gn 12, 1-4). Este hombre “dejó” atrás todo y se lanzó con fe a una nueva aventura, confiando plenamente en Dios. En nuestro caso, hagamos el esfuerzo de “dejar” la rumiación mental para tener una mejor salud mental y transformarnos en mejores personas. En el nombre de Dios todo es posible.
P. Orlando Pérez
Sacerdote católico, Licenciado en Teología, Licenciado en Psicología General, catedrático universitario, con una maestría en Docencia Superior Universitaria.
Cambio de estilo con un corte de cabello
Por lo general, cuando alguien cambia el estilo de corte de cabello surgen una serie de comentarios tales como: te has quitado algunos años de encima, qué bien te ves, te luce ese cambio, ese estilo te beneficia; llama mucho la atención que un simple cambio de estilo del corte de cabello cambia la apariencia y, en algunas ocasiones, el estado de ánimo, y no es casualidad que el cambio inicie en la cabeza.
Dios nos exhorta a que cambiemos nuestra manera de pensar para que los cambios esperados en nuestra vida sean evidentes. Al hablar de cambios de pensamientos implica alinearnos a los pensamientos que Dios tiene para cada uno de nosotros, los cuales son de bien y no de calamidad.
Es fácil darnos cuenta cuando estamos fuera de la voluntad de Dios porque en ciertas situaciones nos sentimos inútiles, incapaces de solucionar los problemas, lo que genera incomodidad y enojo; lo contrario de caminar alineados a la voluntad de Dios. Encontramos respuesta y salida a las situaciones y nuestros pasos suelen ser con libertad y paz.
Déjeme explicar de la siguiente manera, la Palabra de Dios en Filipenses dice: Por último, hermanos, consideren bien todo lo verdadero, todo lo respetable, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo digno de admiración, en fin, todo lo que sea excelente o merezca elogio; este pensamiento es la respuesta para conducirnos bajo la voluntad de Dios. Lo invito a reflexionar sobre las situaciones que está atravesando, sean estas buenas o no tan buenas; filtre sus pensamientos y decisiones en toda situación, porque esto le dará la seguridad de que la decisión que tome será buena, agradable y perfecta, como es la voluntad de Dios.
Recuerde que en la vida todo tiene sentido, feliz inicio de semana.
Silvia Morales Paniagua
Docente de nivel primario y básico con Especialidad en Ciencias Naturales. Licenciada en Administración Educativa y Magíster en Educación Superior.


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